Saberes imperfectos: AEnciclopedia  

Catálogos, mapas, gráficos y libros de texto han servido, desde siempre, para registrar los saberes de la humanidad. Como imágenes, han traducido ante los ojos de modo contundente —y poético— la dimensión concreta del territorio explorado y la multiplicidad de los datos bajo dominio. Desarrollado para dar sostén al mundo, el conocimiento habrá tenido como finalidad última el otorgar certezas, dando origen a los más apasionados ejemplos de búsqueda y auto-afirmación. Una suerte de vértigo embarga frente a la gran tarea humana en su afán por aprender, pero también frente a un universo que se sabe cambiante, complejo e irreductible. La maravilla ante la magnitud de lo descubierto puede trocarse, de este modo, en sencilla reverencia o en humilde cuestionamiento: tal parece que con el saber nunca se llega y nunca es bastante. Conocer trae consigo la experiencia de la imposibilidad. Desechar las páginas, archivar los números, convertir el presente en historia, presenciar el descrédito de los hallazgos. La imperfección del saber (de nuestro saber), sin embargo, no nos aleja del anhelo de alcanzarlo: sólo nos asienta en una realidad más diáfana, desbordada e inabarcable. Nos acerca muy probablemente a una conciencia sobre lo que la realidad es.

Sería fundamental señalar que el conocimiento no está sostenido únicamente por la razón, sino también, y muy especialmente, por la imaginación y la memoria, cuyos procesos y registros introducen un germen de ambigüedad en todo lo percibido. Incluso, en todo lo que se busca. Si la memoria —con su germen imaginativo— está en el origen de la historia y del saber, encontramos que los modos de relatar y de aprender, tanto como los de archivar o catalogar, están sujetos a imprevisibles mecanismos de prefiguración, fragmentación y yuxtaposición. A partir del momento en que la memoria y sus datos buscan enunciar(se), ingresan inevitablemente en el ámbito de lo imaginario: todo discurso, en tanto representación, es ficcional; y desde allí la verdad deviene falacia. El pasado, así, es tan sólo una idea del pasado y el conocimiento puede representar tan sólo una aspiración al conocimiento. Nuestros tratados y teorías, en tanto «archivos de la imaginación» no son menos por su naturaleza imprecisa e inestable; por el contrario, son más: pues nos recuerdan que toda certeza está sujeta a tránsitos, que los saberes mudan y que la realidad se (re)configura de modos inéditos a partir de la experiencia.

Luis Romero. AEnciclopedia. Vista de la muestra. MACZUL, Museo de arte contemporáneo de Zulia, 2016. Fotos: Yuri Liscano, Rigel Garcia y Paola Navas.

Estas son algunas de las premisas sobre las cuales Luis Romero ha desarrollado AEnciclopedia, una propuesta que coloca a un mismo nivel las metodologías de construcción del conocimiento y las dinámicas que las subvierten o que, en todo caso, evidencian su naturaleza perecedera. Proyectos de erudición como la enciclopedia y sus diferentes ramificaciones, el archivo, la colección y el imaginario colectivo son re-pensados a través de sus mismas prácticas y gracias a recursos como la reapropiación, la fragmentación, el collage y la intervención pictórica. El resultado es una compilación alternativa, un mapa (im)posible, un saber-otro sustentado en modos divergentes de catalogar desde lo impreciso y lo transitorio, desde lo emotivo y lo frágil. AEnciclopedia es, así, afirmación y negación de los métodos ilustrados, cuestionamiento y homenaje a toda ciencia imperfecta, conversación desobediente y prolífica entre un conocimiento pretendidamente «universal» y los saberes individuales.

Luis Romero. AEnciclopedia. Vista de la muestra. MACZUL, Museo de arte contemporáneo de Zulia, 2016. Fotos: Yuri Liscano, Rigel Garcia y Paola Navas.
Luis Romero. AEnciclopedia. Vista de la muestra. MACZUL, Museo de arte contemporáneo de Zulia, 2016. Fotos: Yuri Liscano, Rigel Garcia y Paola Navas.

Las enciclopedias observan, clasifican, clarifican. Establecen límites y ofrecen descripciones precisas. Recolectan, sistematizan y proceden según la evidencia con miras a establecer lo que es. En términos de sapiencia humana, una enciclopedia es un deber ser. Como proyecto de la razón —aquella Razón mayúscula del XVIII—, toda enciclopedia ha pretendido ser objetiva, abarcante, atemporal, universal y, sobre todo, exacta. Sin embargo, la caducidad habita irremediablemente sus páginas en la misma medida en que la realidad se transforma y nuevos saberes son actualizados, añadidos o descartados. Aun así, la enciclopedia ha sido y sigue siendo el modelo aceptado de difusión para gran parte de lo conocido. AEnciclopedia contradice este proyecto en apariencia tan definitivo y tan definitorio de la era moderna. La descontextualización de imágenes o la intervención de mapas y páginas enteras de viejas enciclopedias permiten a Romero señalar su transitoriedad como herramientas de conocimiento y aludir, finalmente, a otros niveles de observación. Reseñas y gráficos muestran un saber sin vigencia y, aunque son válidos como testigos de las condiciones de un pasado preciso, suponen al mismo tiempo la prueba del vencimiento de todos los conjuntos de información. Países que ya no existen, economías fallidas, poblaciones desaparecidas, estadísticas desactualizadas, escenas de un tiempo anterior que semejan hoy un estadio ficticio: todo apunta no sólo a la mutabilidad del saber sino de lo real y, más allá, a su potencial extinción. Las páginas modificadas [Extrabismos, Archivo], como vestigios, oscilan entre la falta de sentido y una capacidad de significar totalmente nueva: la de la memoria intrínseca —el documento histórico— y aquella que otorga el reordenamiento de los elementos. Romero recoge también la potencia visual de la información descontextualizada, del mapa vacío o el listado geográfico constituido únicamente en base al registro puro (y duro) de una cordillera, una expresión cultural o un exterminio [Serie Topos]. A medio camino entre la cartografía y el caligrama, los textos provenientes de índices devienen en imágenes, redefiniendo el comportamiento de los sumarios científicos: la desolación de los datos frente a los hechos se contrapone a la capacidad —visual— de la palabra para significar.

Luis Romero. AEnciclopedia. Vista de la muestra. MACZUL, Museo de arte contemporáneo de Zulia, 2016. Fotos: Yuri Liscano, Rigel Garcia y Paola Navas.

Si AEnciclopedia reúne testimonios de una evidente realidad extinta, en la misma medida evoca ámbitos de la memoria íntima. Códigos de índole personal, tópicos que revelan motivaciones concretas o señales netamente autobiográficas: toda vivencia asumida desde el adentro deviene en una metodología y, más allá, en un terreno desde el que se pronuncia ese primer-saber realmente válido. Desde aquí, se confrontan la neutralidad de un saber científico-colectivo y las implicaciones subjetivas del acontecer individual. Dentro de las múltiples referencias al devenir del mundo y de la ciencia, Luis Romero construye espacios para su propia historia [Extrabismos, Timeline]. Espacios visibles a través de objetos recolectados y puestos en relación (¿no son las colecciones y archivos nuestro mejor autorretrato?), imágenes detenidas o itinerarios de vida: en AEnciclopedia el tiempo opera no sólo como factor de desdibujamiento  sino como compactador de experiencias; un gran acumulador de significados. Entre estos dos extremos el ejercicio del archivo y del catálogo atestigua no sólo el desvanecimiento de lo que es (la realidad urbana, por ejemplo, en Avisos desapareciendo o Extrabismos) sino el concreto cúmulo material de una serie de etapas vitales [Caracas-Amsterdam-Londres].

Luis Romero. AEnciclopedia. Vista de la muestra. MACZUL, Museo de arte contemporáneo de Zulia, 2016. Fotos: Yuri Liscano, Rigel Garcia y Paola Navas.

Luis Romero. AEnciclopedia. Vista de la muestra. MACZUL, Museo de arte contemporáneo de Zulia, 2016. Fotos: Yuri Liscano, Rigel Garcia y Paola Navas.

AEnciclopedia despliega, de este modo, constelaciones de datos: referentes de los que rescata no sólo su valor conceptual —como producto preciado y obsoleto a la vez— sino una innegable riqueza gráfica. En este punto, la aparición recurrente de ciertos elementos revela algunos de los intereses personales y creativos de Romero: su profunda fascinación por las publicaciones científicas, la exploración en la potencialidad de la relación imagen-palabra, así como una dedicada labor de observación, rescate y resignificación de los valores formales de la tipografía, la publicidad y otras formas de comunicación visual. Estamos pues, ante un ejercicio de mirada sensible hacia el mundo, sus saberes y su vocabulario: curiosidad que rinde tributo a lo descubierto pero que asume la nostalgia —conciencia, más bien— ante aquello que se extingue. A todo ello Romero suma su interés en la memoria, cuyos múltiples procesos formula a través de recursos como la evanescencia (pictórica), la descontextualización y la contraposición. Esta reiteración de motivos confirma, por otra parte, la idea de corpus de trabajo, no sólo del artista en tanto expresión continuada de una serie de preocupaciones, sino de cualquier proyecto de sistematización de conocimientos. En AEnciclopedia nada está solo: parejas o series de obras, conjuntos de elementos y mosaicos de páginas; repeticiones que evocan el ejercicio del ensayo o del acumulador, variaciones sobre un mismo tópico que acuñan el saber imaginario o la imagen-siempre-distinta, la imagen posible que introduce el matiz de las diferentes «verdades».

Luis Romero. AEnciclopedia. Vista de la muestra. MACZUL, Museo de arte contemporáneo de Zulia, 2016. Fotos: Yuri Liscano, Rigel Garcia y Paola Navas.

Más allá de la información como realidad concreta —que existe en cuanto dato y persiste en tanto válido—, AEnciclopedia se posiciona como un argumento en favor de la materialidad. Dos obras de carácter programático, Apuntes en primera, segunda y tercera persona (Códigos) y Extrabismos, señalan la voluntad de construir un objeto precario, marginal. Esta reflexión abarca, en primera instancia, el trabajo con lo pequeño, ese proceso mediante el cual un elemento simple y masivo —una postal, un mapa, una página de enciclopedia— es intervenido y transfigurado en un artefacto de innegable filiación manual. La incisión, la costura, la superposición del collage o la adición de pigmento conforman una pieza que no oculta su propio proceso. Otro tanto aplica para el ensamblaje con ligas y tornillos, las páginas sueltas, la visibilidad de los bordes y el trabajo con retazos; hasta llegar al bordado sobre tela y la elaboración artesanal de papeles con fibra de abacá y maíz. El elogio de lo material entraña, entonces, la tensión entre certeza científica y experimentación poética, entre la producción industrial —con sus elaboraciones múltiples, homogéneas y acabadas— y la técnica manual, con su obrar auto-enunciativo de trazos irrepetibles. Es también en este punto donde lo pictórico, como afirmación gestual del binomio imaginar-crear, se yergue por sobre la precisión de lo impreso, condenado a ser siempre-pasado en tanto tiempo detenido.

*Texto perteneciente al catálogo de la muestra AEnciclopedia (MACZUL, Museo de arte contemporáneo de Zulia), de Luis Romero.
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