El día que la CIA financió a Pollock para luchar contra la URSS

El arte de Pollock es mundialmente reconocido. Museos de arte contemporáneo, galerías de renombre, casas de subastas artísticas y las colecciones privadas más ostentosas del mundo, luchan encarnizadamente con tal de conseguir un Pollock genuino, pintado, salpicado y firmado por el principal representante del expresionismo abstracto. La fama del pintor estadounidense lo coloca entre los grandes maestros contemporáneos de la pintura y su legado aún hoy es motivo de discusiones sobre la validez de sus obras como una expresión sublime o de la decadencia del arte.

La historia contiene episodios improbables, espacios tan breves como un pestañeo perdido en el relato histórico, donde la falta de lógica parece dominar cada acción que se eleva a la categoría de mito a falta de evidencias contundentes. En el caso de Pollock, de Kooning, Rothko y los pintores más brillantes del expresionismo abstracto, la relación de su meteórico ascenso con el gobierno norteamericano se manejó como una teoría conspiracionista que se mantuvo como tal hasta que un antiguo funcionario confesó la veracidad de los hechos.

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A finales de 1945, la Segunda Guerra Mundial llegó a su fin. Junto con la rendición del Tercer Reich y de Japón después de Hiroshima y Nagasaki, el reparto del mundo en dos frentes ideológicos se polarizó, tanto desde el lado de los Estados Unidos y el American Way of Life, auspiciante del modo de producción capitalista y el libre mercado, como de la Unión Soviética con el control de los medios de producción en manos del Estado.

En los Estados Unidos, la sospecha de agentes infiltrados, la avanzada del socialismo en Europa y de los partidos comunistas en suelo americano propició una era de paranoia que se oficializó con la creación de la CIA. 

La nueva configuración política del globo inauguró el periodo bélico de baja intensidad entre ambas potencias conocido como Guerra Fría. A pesar de que nunca existió un enfrentamiento militar directo de gran magnitud, se puso en marcha la maquinaria propagandística, política e ideológica más colosal que jamás haya conocido la humanidad. En los Estados Unidos, la sospecha de agentes infiltrados, la avanzada del socialismo en Europa y de los partidos comunistas en suelo americano propició una era de paranoia que se oficializó con la creación de la CIA (Agencia Central de Inteligencia).

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Para 1947, el expresionismo abstracto causaba revuelo en exposiciones locales, donde la polémica por el completo rompimiento con los cánones contemporáneos sólo llegaba a los entendidos del arte, mientras que el resto de la sociedad rechazaba a la corriente. Las palabras de Harry S. Truman, presidente de entonces, resumen la percepción general del público sobre los expresionistas abstractos: “Si esto es arte, yo soy un hotentote“.

Después de la cacería de brujas inaugurada por el Comité de Actividades Antiestadounidenses precedido por el senador Joseph McCarthy, las listas negras y el acoso a personalidades como Einstein, Chaplin, Sinatra o Fast, la maquinaria ideológica del American Way of Life requería de un vuelco para coincidir con los valores occidentales democráticos, de libre expresión y libertad de mercado que se agrupaban en el ideal del sueño americano.

“Lo que hicimos en realidad fue reconocer que el expresionismo abstracto era el tipo de arte que hacía parecer al Realismo socialista aún más estilizado y rígido de lo que era y explotar esa característica en algunas exposiciones”.-Donald Jameson, exfuncionario de la CIA

cold war cia y la guerra cultural

Por más conspiracionista que parezca, la CIA puso sus ojos en los expresionistas abstractos y vio en el arte la posibilidad de difundir el mensaje a través del mundo y utilizarlo como arma política contra el socialismo. Su primera acción fue la inauguración de dos grandes exposiciones internacionales: Modern Art in The United States y Masterpieces of the Twentieth Century, en 1952 y 1955 respectivamente, que giraron a través de los museos más reconocidos de Europa occidental.

Se trataba del inicio de una sigilosa estrategia: mostrar al mundo a través de los trabajos de Pollock, de Kooning y compañía que los Estados Unidos eran una nación idónea para el desarrollo del arte, la libertad, el pensamiento crítico y la democracia.

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Se trataba del inicio de una sigilosa estrategia: mostrar al mundo a través de los trabajos de Pollock, de Kooning y compañía que los Estados Unidos eran una nación idónea para el desarrollo del arte, la libertad, el pensamiento crítico y la democracia. Un movimiento quirúrgico que rompe de lleno con la censura del macartismo y en su lugar, utiliza a referentes del libre pensamiento que bien pueden estar en contra de la política norteamericana pero representan la crítica orgánica y la libertad de ideología en el país de las barras y las estrellas.

El plan maestro también contó con el financiamiento indirecto a los artistas y el patrocinio de sus obras, además de la difusión de exposiciones en revistas especializadas y la colaboración de críticos de arte, que llevaban el conflicto ideológico al plano artístico: la libertad de los colores, las texturas, cada trazo accidental y lúdico del expresionismo abstracto en contravención a la rigidez y el oficialismo del realismo socialista.

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“Queríamos unir a los escritores, músicos, artistas que demostraran que Occidente y los Estados Unidos era posible la libertad de expresión y los logros intelectuales, sin ningún tipo de barreras rígidas en cuanto a lo que se debe escribir, decir, hacer o pintar, que era lo que estaba ocurriendo en la Unión Soviética. Creo que fue la división más importante que la agencia (CIA) tuvo. Jugó un papel muy importante en la Guerra Fría”.

De la misma forma que los grandes mecenas, comerciantes venecianos en el Renacimiento, o el Vaticano en la Capilla Sixtina, la CIA se posicionó por más de 20 años como el principal promotor financiero del expresionismo norteamericano. El secreto se mantuvo oculto del Congreso y todo órgano oficial, hasta que Donald Jameson, un exfuncionario de la dependencia de investigación, confesó los objetivos de la vanguardia como arma cultural.

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Por cuanto a los artistas y creadores del movimiento, ninguno supo del plan de la CIA ni tuvo relación directa alguna con agentes o quienes se encargaron de llevar a la realidad la tarea de la agencia. Las relaciones se tejían entre altos directivos de cultura, como William Paley, fundador de la organización y al mismo tiempo, miembro de la mesa directiva del MoMA, de forma que Pollock y los demás artistas norteamericanos nunca se enteraron de que sus obras eran parte de un conflicto cultural con alcances insospechados para la historia mundial.

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