Sylvia Plath, Virginia Wolf, Antonieta Rivas Mercado, Karoline von Günderrode, Marina Tsvetaeva, estas mujeres forman parte del listado de artistas que sucumbieron ante la desdicha del engaño, la soledad, el abandono y el desamor. Un hombre, seguramente el gran amor de todas ellas, fue el que enterró en lo más profundo de sus almas una estaca de desilusión, esta hirió sin reparo sus corazones y quemó si dejar rastro toda sus esperanzas. Con el alma negra y la carne viva, las afligidas poetas, pintoras, escultoras y escritoras intentaron continuar, pero el tiempo no fue su redención, sino su perdición.

La gran pasión que caracteriza a todos los romances del mundo del arte es la misma que ha llevado a algunas a perderse en la marea de la pasión, a hundirse en las arenas de la incertidumbre y a rozar a la muerte e la mano de la soledad. Nadie podrá saber alguna vez qué fue lo que convenció a estas mujeres, de corazones nobles y voluntad débil, de que la vida sin ellos no tenía mayor sentido. Lo que alguno vez las convirtió en las musas de otros artistas no fue suficiente para que alguna se aferrará a la vida.

Ellas no fueron las únicas, ni serán las últimas mujeres a quienes un hombre les destrozó la vida. Tan sólo tendríamos que mencionar a otras siete para recordar a las mujeres que sufrieron de amor, locura y algo más después de haber conocido a Pablo Picasso. El incomparable artista que trascendió en el mundo del arte como el máximo exponente cubista, también significó un antes y un después en la vida de siete mujeres que en el algún momento desearon nunca haberlo conocido.

1. Jaqueline Roque, la más odiada de las musas de Picasso

Jaqueline se quedó completamente sola cuando a los 18 años murió su madre debido a un derrame cerebral. Dos años después contrajo matrimonio con André Hutin, con quien tuvo una hija y de quién se separó cuando descubrió que su esposo le era infiel. Para dejar atrás la gran desilusión Jaqueline y su hija viajaron a la Riviera francesa, donde comenzó a trabajar en la alfarería Madoura, en Vallauris. En el pueblo francés, en el año 1953, Jaqueline conoció a Picasso a sus 27 años. Pero no fue hasta su segundo encuentro dentro de la alfarería donde ella trabajaba que Picasso y Roque se dejaron llevar por lo que sentían para casarse en secreto seis meses después.

Desde el comienzo de su relación Picasso pintó en numerosas ocasiones a Jacqueline, de hecho la única persona cuya presencia toleraba mientras pintaba en su taller. La pareja estaba más que unida, casi fusionada y rara vez uno salía de casa sin el otro. Jacqueline Roque es la más odiada de las musas de Picasso, pues dicen que fue quien encerró al minotauro, quien prohibió la entrada de sus herederos a su funeral y quien aisló a Picasso hasta su muerte.

Durante los últimos años de vida del pintor, Jacqueline comenzó a beber de forma excesiva, afectada por la agonía de su marido y la complicada relación de ambos con los hijos y nietos de Picasso perdió la luz de la que el pintor se había enamorado al ver por primera vez sus ojos esmeralda. En abril de 1973 Picasso falleció y Jacqueline cayó en una profunda depresión que no consiguió superar jambas; en la madrugada del 15 de octubre de 1986 la mayor musa del cubista se suicidó con un disparo en la sien.

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*La triste historia de la musa a quien Picasso le robó la juventud y la llevó al suicidio

2. Dora Maar, la musa doliente

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Cuando Pablo Picasso y Dora Maar se conocieron ella tenía 29 años y él 55. Su corazones se flecharon mientras los dos tomaban un café en el mítico Deux Magos de París en 1936, poco antes del comienzo de la Guerra Civil Española. La hermosa mujer de la que se enamoró Picasso arrastraba una tormentosa relación con el filósofo Georges Bataille y con el actor Louis Chavance. Por otro lado, el consagrado pintor seguía casado con la rusa Olga Khokhlova y compartía casa con la sueca Marie-Thérèse Walter.

A pesar de los obstáculos, su pasión amorosa estalló llevándose todo a su paso. Al igual que con sus romances anteriores Picasso retrató a Dora Maar decenas de veces. Fue su modelo, su musa hipnotizante, hasta que en 1943 todo acabó. Como era costumbre, el artista se aburrió de trazar las mismas curvas así que la sustituyó por Françoise Gilot, entonces Dora descendió con una dolorosa caída a las llamas del infierno hasta terminar en un psiquiátrico donde recibió varias aplicaciones de electrochoques incluida.

Refugiada en la religión, alejada de la realidad y apartada de un mundo, en el que durante algunos años había sido una de las reinas imprescindibles de Pablo Picasso, Dora murió a los 89 años completamente sola y con un dolor en el corazón que el enigmático artista sembró en ella desde que la abandonó.

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3. Marie-Thérèse Walter, la niña de Picasso

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“Tienes una cara interesante, me gustaría hacerte un retrato, creo que vamos a hacer grandes cosas juntos, soy Picasso”. El 8 de enero de 1927 el pintor se refirió a Marie, una chica rubia que salía de las galerías Lafayette, con esa frase. La joven sueca de 17 años afincada en París cautivó al español en un instante. Ella nunca había oído hablar él, a pesar de eso y de que el pintor estaba casado con la bailarina rusa Olga Khokhlova en ese momento, ambos comenzaron una relación laboral que rápidamente terminó en otra aventura erótica y secreta del gran Picasso.

En 1932, un año clave para la obra de Picasso, el intenso amor furtivo se reveló a los ojos del público. Olga, la actual esposa del autor en ese entonces, se negó a darle el divorcio al consagrado artista, a menos que éste le otorgara el 50 % de sus bienes. A pesar de la sexualidad natural que Marie desataba en la pinturas de Pablo, él terminó cansándose de la complicada batalla contra Olga, su esposa. Así que se alejó de ambas para que con la llegada de la Guerra Civil española las dos supieran que él ya había iniciado otra relación con la fotógrafa Dora Maar.

En 1977, Marie-Thérèse se quitó la vida y muchos afirman que la joven de la que alguna vez se enamoró Picasso jamás logró soportar la ausencia del hombre que había conocido hacía 50 años. Mismo con quien pasó toda su adolescencia sin aprender a ser nada mas que la niña de Picasso.

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4. Francoise Gilot, la mujer que dejó Picasso

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Con ella la historia de romance y pasión fue distinta. Gilot fue la única mujer que dejó a Picasso, sólo ella prefirió no sacrificarse por el monstruo de las siete amantes y por eso hoy sigue viva para contarlo. Gilot había visto a su amado la dicha y en la furia, sabía cómo actuaba cuando él se enamoraba de alguna mujer y también conocía lo que el pintor hacía cuando quería empezar a olvidarlas.

Gilot descubrió que el autor las pintaba a todas durante un periodo completo para poder dejar en el lienzo todo lo que sentía por ellas. Para después abandonarlas, intercambiarlas; su pintura era su catarsis. A diferencia de las demás, Françoise también pintaba y comprendía cómo funcionaba el alma de un artista, así que cuando sintió que él había comenzado a pintarla demasiado para olvidarla, ella se adelantó y decidió dejarlo sólo con sus eternos recuerdos en pintura.

A pesar de lo mucho que Gilot amó a Picasso, ella prefirió convertirse en la mujer que dejo a Picasso para no ser otra de las que primero abandonó para después ser colgada desnuda sobre la pared.

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*Consejos de Pablo Picasso para jóvenes artistas que quieren ser exitosos

5. Olga Khokhlova, la musa mas ambiciosa de Pablo Picasso

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Olga Khokhlova nació en Niezin (actual Ucrania) el 12 de junio de 1891, tenía 25 años cuando conoció a Picasso y definitivamente fue la mujer que más influyó en el artista malagueño, pues el pintor tuvo un cambio radical en su estilo pictórico desde el comienzo de su romance con la bailarina rusa.

En 1918, la pareja contrajo matrimonio y a pesar de volverse inseparables el final del idilio fue irremediable. La extrema convivencia que tuvieron no sirvió mas que para poner de manifiesto su incompatibilidad. Un día, a finales de 1927, huyendo de una de sus peleas con Olga, cada vez más frecuentes y violentas, Picasso se paseó por París y al salir de Galerías Lafayette se encontró con Marie-Thérèse Walter, quien sería su próxima musa.

“Soy Olga Khokhlova. Soporté al genio con cariño durante más de 12 años. Fui legalmente su primera esposa y, como a casi todas, me abandonó. Di a luz a su primer hijo, Pablo”. Esas fueron las palabras de la musa más ambiciosa de Picasso, quien se encontraba en una clínica en la que fue internada después de fuertes crisis que los celos enfermizos le habían provocado, pues a pesar de sufrir después de haber sido abandonada por su esposo, fue la única que logró contraer matrimonio con el artista y la primera que engendró el legado de Picasso.

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6. Eva Gouel, la musa que la muerte le arrebató a Picasso

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“Ma Jolie” fue la expresión cariñosa como Picasso se refería a Eva, la musa que tampoco pudo quedarse con el pintor para siempre. Antes de ser abandonada por él, la enfermedad se llevó el último suspiro de Gouel para siempre y la hermosa joven de piel de porcelana se convirtió en otro de los periodos artísticos del autor. Gouel compartió gran parte de su vida con Picasso, a quien intentó servirle a pesar de las dificultades que el cáncer le provocaba, el cáncer logró separar al cubista de una de sus musas cuando Eva falleció el 14 de diciembre de 1915.

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7. Genevieve Laporte, la musa que escapó de Picasso

Picasso realizó numerosas obras de Geneviève, con quien también sostuvo un romance, pero a diferencia de otras mujeres del pintor ella jamás quiso quiso instalarse con el artista malagueño, pues el poeta Paul Eduard le había advertido que Picasso mataba todo lo que amaba. Sin embargo Laporte también sufrió los caóticos y furtivos romances el autor.

A los 17 años de edad, en 1944, Genevieve Laporte entrevistó a Picasso para un periódico de la escuela. Años después, en mayo de 1951, Picasso comenzó una rápida relación con Laporte mientras vivía con Françoise Gilot. En el verano de 1951 Picasso llevó a Laporte a Saint-Tropez, pero cuando ella se enteró de que Gilot lo estaba esperando en casa se negó a quedarse a vivir con él.

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Las mujeres en la vida del pintor malagueño fueron siete y entre ellas se repartió el amor de Picasso, pero también su egoísmo. Lo que muchos se han llegado a preguntar es a quién quiso más o bien a quién amó de verdad. Pero lo único que se sabe hasta ahora es que nadie lo inspiró tanto como Jacqueline Roque, con quien pasó sus últimos años de vida y a quien retrató mayor número de veces; hoy se conocen 282 obras de la musa predilecta de Picasso.

Casi a la par, con 262, estuvo Dora Maar, con quien el artista mantuvo una relación desde la Guerra Civil hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial. Después le siguen Marie-Thérèse Walter, madre de su hija Maya; y Françoise Gilot, madre de Claude y de Paloma, sus hijas más pequeñas. Aunque a las tres también las pintó no se acercaron ni poco a lo que su gran musa inspiró en Picasso, eso igualmente les arruinó uno o varios capítulos de sus vidas.

 

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