La muerte nos paraliza pero siempre está presente. El último aliento de alguien más nos hace cuestionarnos nuestra finitud, las ganas innatas que tenemos de sobrevivir y nunca morir, al menos en el recuerdo de los demás. 

Y es que el arte es eso, el arte es la muerte y la finitud. Porque una escena, corriente o vanguardia le da fin a la otra, intenta destruirla, acabar con ella, mostrarnos que lo contrario también puede ser arte. Porque esa oposición nutrió a las vanguardias y ahora, en un mundo lleno de arte efímero, nos demuestra que las obras se extinguen casi al mismo instante que nacen.

La muerte es triste y nos deja un hueco. Un hueco que espera ser llenado pronto. Las lágrimas nos delatan ante el inevitable fin de alguien que quizá ni siquiera conocimos pero cuyos cuadros nos hicieron vibrar. Y es que el arte puede llenar ese hueco por siempre, porque las obras de esos artistas que ya se fueron, permanecen aquí llenando su partida.

Los tenemos por siempre, se volvieron inmortales. Y ahora, con la reproductibilidad de la imagen, simplemente están en todos lados. Ellos fueron los mejores y su muerte fue dolorosa, de las más dolorosas por la manera en la que ocurrió.

Alberto Durero


Durero siempre fue un apasionado de la anatomía y el dibujo animal. Intentaba descubrir las nuevas especies que biólogos y zoólogos descubrían para después plasmarlas en dibujos casi idénticos al verdadero. Cuando estaba en Gante, recibió un mensaje que le aseguraba, había una ballena encallada en la costa. Rápidamente, Durero se encaminó pero antes de llegar enfermó, probablemente de malaria, tenía fiebres y su salud se deterioraba con rapidez hasta que el 6 de abril de 1528 murió.

Michelangelo Corsi da Caravaggio

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La muerte de Caravaggio ha sido un enigma que nadie ha podido descifrar y es que aún después de más de cuatrocientos años, los investigadores aún no están seguros de tener en sus manos los restos de, tal vez, el mejor pintor de todos los tiempos. Caravaggio siempre fue un hombre rebelde con gran talento. Tuvo que huir de diferentes sitios por provocar riñas a la más mínima provocación. Se cree que en 1606 huyó de la cárcel para dirigirse a Roma y entorno a su muerte, existieron varias hipótesis. Una de ellas decía que fue asesinado por razones religiosas, otra más que sólo quedó tirado en una playa desierta enfermo de malaria y la más reciente es que murió de insolación y debilitado por la sífilis mientras regresaba a Roma para recibir el perdón del Papa.

Frida Kahlo

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Durante los últimos cinco años de su vida realizó múltiples visitas al hospital. En 1950 la operaron siete veces y le amputaron una pierna. Cuatro años después, recayó en el hospital y se rumora que tuvo un intento de suicidio el 9 de abril. Fue internada una vez más cuando cayó y se clavó una aguja que estaba en el suelo. En junio contrajo una neumonía de la que creyó escapar a finales de mes. El 2 de julio viajó con Diego a Guatemala para participar en una manifestación contra la intervención norteamericana, su última aparición pública. Cuando regresó a su hogar, la neumonía empeoró y el 13 de julio falleció, probablemente por un suicidio, según rumores. Cientos de personas fueron al Palacio de Bellas Artes para darle el último adiós.

Vincent van Gogh

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La última pintura, antes de su suicidio, fue Campo de trigo con cuervos. El 27 de julio se disparó en el estómago entre los trigales; fue llevado al hospital y su hermano Théo acudió rápidamente en su auxilio. Pero Van Gogh no resistió y murió dos días después. Días antes, escribió una carta que guardó en su bolsillo para él: “Pues bien, en mi trabajo arriesgo mi vida y en él mi razón se ha hundido a medias”.


Jean-Michel Basquiat

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Basquiat podría pertenecer al club de los 27. Fue una figura emblemática de los 80 y el único artista negro bien posicionado y reconocido. Aunque solamente haya pintado por siete años, pues murió en 1988 a los 27, sus pinturas son asombrosamente prodigiosas. El artista haitiano-estadounidense realizó icónicas pinturas y dibujos que lo llevaron a un mundo de fama y prestigio. Era amigo de Debbie Harry, Andy Warhol y David Bowie; su novia era Madonna. Pero la fama también le costó caro. El 12 de agosto de 1988, fue encontrado muerto en su apartamento en NoHo, Manhattan después de perder la batalla contra la heroína. 


Amedeo Modigliani

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Modigliani tuvo una vida llena de excesos: borracho, mujeriego y toxicómano. Murió joven, con sólo 35 años de edad debido a meningitis tuberculosa. Pero al día siguiente, su pareja, Jeanne, no sabía qué hacer sin él, dejó de encontrarle sentido a la vida. Así que abrió la ventana y se arrojó al vacío desde el quinto piso de la rue Amyot.

 

 
Jackson Pollock

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Pollock era alcohólico, su esposa no podía trabajar, debía cuidar a Pollock y sus necesidades. Su matrimonio comenzó a tener graves problemas y su salud se deterioró. Él empezó a salir con otra mujer. En el 56 renunció a la pintura y su mujer se mudó a París para darle espacio. Ese mismo año, Pollock, ebrio, chocó su carro. Salió disparado más de 15 metros y murió de inmediato junto a Edith Metzger. Su novia sobrevivió.  


Nahui Olin

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En soledad, obsesionada con la vida pasada, algunos rumoran que se llenaba la cara con polvo blanco y se acercaba a la Alameda Central para vender su cuerpo por algunos centavos. Otros días se sentaba y sacaba de su bolsa algunos trozos de carne para  alimentar a los gatos, a los que adoptaba y llevaba a su casa, después, si morían, los disecaba y dejaba como adorno. Murió en la miseria, en la locura, en el dolor y en el olvido.

La muerte es arte, es vida y también es poesía. La muerte lo es todo.

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