Hay quien dice que las vanguardias llegaron a su fin, que el arte contemporáneo ha llegado a las galerías para sembrar un nuevo estilo moderno, un estilo complicado de entender, una nueva forma de percibir el entorno pictórico, escultórico, literario, cinematográfico, dancístico, teatral, mitológico. Al analizar la obra de los nuevos artistas plásticos encontramos un mundo muy distinto, porque el arte es cultura, porque la cultura es todo aquello que surge del hombre y porque el hombre revoluciona, es decir, cambia violentamente a cada segundo. Han existido varios personajes que se han lanzado en contra del arte contemporáneo, como aquel escultor del que habla el escritor Mario Vargas Llosa en su libro “La Civilización del Espectáculo”. Vargas Llosa relata que, en una galería de arte contemporáneo de París, se llevó a cabo una exposición de esculturas: una cama hecha un desastre, un letrero de luces neón, un basurero delimitado por las líneas en el suelo que protegen las obras de arte, un conjunto de mazorcas de maíz roído tiradas en el suelo y un oso de felpa con miembros viriles como extremidades. Éstas eran las piezas artísticas que se podían contemplar en el recinto. Fue un escultor y pintor de cuyo nombre no puedo acordarme, quien se plantó enfrente de la multitud y defecó en la galería para después decir: “Si ustedes piensan que esto es arte, yo les dejo aquí una obra de mi autoría”.

Soy escéptico al pensar que los grandes artistas han sucumbido ante las hieles del arte contemporáneo. Hace un par de semanas platicamos con un artista único en su especie, el pintor Esteban Salinas Mercado, quien ha llevado al extremo el arte surrealista, el expresionismo que se creía pasado de moda y las obras pictóricas que son en sí mismas libros abiertos que narran historias a los interlocutores que observan con atención, imprimiendo un brote de imaginación artística en cada uno de los cuadros que este artista pinta con la parsimonia de quien ora en un ritual meramente religioso.

Su estudio es una enorme casa vacía de Ciudad Satélite, en el Estado de México; ciudad de la que es oriundo, ciudad que recita versos en los empolvados pasajes de su historia, en la grandiosidad del ambiente sateluco. Salinas llega al mundo artístico para atiborrar de su mitología el ambiente. Sus obras no sólo se pueden ver, sino que también se pueden leer. “Tu arte no sólo es pintura, es literatura pictórica”, le digo al analizar uno de sus cuadros. El salinismo llegó al arte contemporáneo para revivir la fantasía y el surrealismo. Encuentro en su obra un mundo paralelo en el que viven dioses y semidioses perdidos en su espacio, mujeres ignotas que conocemos y reconocemos al cuestionarlas, su obra está repleta de ninfas que hipnotizan, de mantarrayas voladoras, de un mundo distinto, tal vez de un mundo ideal, algo así como lo que la Alicia de Lewis Carroll puede encontrar más allá del espejo.

pintores contemporáneos

Existe un cuadro de Salinas para cada momento. Es como si estructurara cada trazo para cultivar un jardín que cautiva al observador de tan sólo mirarlo. Salinas llega para reinventar el surrealismo que construyeron Breton y Dalí. La obra salinista otorga un profundo encuentro con el inconsciente hasta llegar al subconsciente. Nos muestra que aún existen artistas que tienen la capacidad de generar un viaje onírico por el cauce de lo más recóndito de la mente humana.

Vivimos en la civilización del espectáculo, en lo que Lipovetsky llamó “la era del vacío”, todo da vueltas entorno a la simplicidad del arte. Hoy en día el arte es sinónimo de negocio, ya lo ha dicho Warhol en su obra autobiográfica: el arte es una reproducción que deja dinero. Creo ingenuamente que esto puede cambiar, que pintores como Esteban Salinas Mercado pueden ser el futuro próspero del arte contemporáneo, del arte que refleja un conservadurismo revolucionario, del arte que dicta que la buena pintura aún no ha muerto.

surrealismo

¡Qué dicha que aún existan pintores y artistas que mantengan el surrealismo andando! Los relojes derritiéndose lentamente sobre un desierto cromático han recobrado la marcha, artistas como Salinas descubren el mundo de lo fantástico en su obra. Hemos de decir que el silencio que antes impregnaba a los nuevos estilos artísticos se ha llenado del canto de nuevas voces en el arte contemporáneo. Hagamos que estos nuevos artistas sigan con la transformación de su estilo en el contexto del inconsciente, de lo que va más allá de la realidad para darnos cuenta de la importancia de la reflexión dentro del caballete y el lienzo.

El arte, hoy por hoy, ha sufrido cambios que abren nuevos senderos por recorrer. El arte pictórico de los nuevos y futuros artistas nos marca la pauta para emprender el viaje hacia una forma distinta de percibir nuestro entorno. Dejemos que las nuevas formas estructuren la vida del arte. Hay que dejar que los nuevos pintores reinventen el surrealismo y el arte fantástico. Hemos puesto nuestros ojos en la novedad, hagamos que la literatura pictórica de Salinas nos lleve hacia lugares desconocidos de nuestra mente. Es sólo cuestión de intentarlo; hagámoslo posible.

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