La muestra titulada Pero la desobediencia dormía, a cargo de los curadores Ángela Cura y Felipe Cura, debe su ingreso al Museo de Arte Contemporáneo (MAC, Santiago de Chile) en parte gracias al anterior y reconocido proyecto de esta dupla: Galería Temporal. La exhibición reúne a Narda Alvarado, Fernando Godoy, Benjamín Ossa, Enrique Ramírez, Takuri Tapia y el Colectivo Pía Michelle, quienes a través de soportes como el vídeo, la performance y la instalación, invitan a reflexionar sobre temáticas como el paisaje urbano e interpersonal, como también a vislumbrar las actuales problemáticas sociales.

Pasar de Galería Temporal —un conocido proyecto móvil y transitorio que usa las vitrinas de locales comerciales de la ciudad de Santiago de Chile como soporte de exhibición— a un lugar de exposición tradicional, permite que las personas se dirijan tanto a este proyecto como al museo con otra mirada.

Pero la desobediencia dormía. Vista de la muestra. MAC, Santiago de Chile, 2016. Foto: María José Canales

El Colectivo Pía Michelle, junto al artista Fernando Godoy, presentan Una brusca liberación de energía acumulada durante un largo tiempo, una instalación interactiva y sonora que invita al tránsito, una especie de pasillo construido con madera descartada que conduce de la sala de exhibición hacia un lugar exterior del museo. Al entrar en este pasadizo oscuro, los sonidos que se crean con el transitar, y las luces amarillas que entran por las maderas mal acopladas, comienzan a develarnos un tipo de construcción urbana de bajo presupuesto; una en donde podemos percibir un “extra-muro”, y que probablemente despertará en el espectador curiosidad por saber de dónde proviene el circuito que activa la obra. En efecto, un circuito es activado por una mezcla de objetos domésticos que se encuentran tras las maderas de la construcción. Algunos de ellos resultan más reconocibles que otros; no obstante, gracias a nuestras pisadas que funcionan como interruptor de la obra, igualmente nos hacen sentir fuera del espacio museal. O más bien, cercanos a un espacio intermedio entre lo hogareño y lo callejero, como el sonido de la ciudad ingresando por la ventana de nuestra casa.

Por otro lado, El sonido circular del paisaje, de Benjamín Ossa, consiste en una instalación que reflexiona respecto al dibujo —en este caso, un trazo de luz— sobre un bastidor, representado aquí por la oscuridad. Al igual que en la propuesta anterior, ésta es una obra transitable. En ella, de hecho, podemos seguir los distintos haces de luz —que se encuentran a lo largo de la sala— generando dibujos circundantes. Grafías que giran dentro de un perímetro delimitado y efímero. Líneas en donde el dibujo vuelve a insinuarse después de haber desaparecido.

Narda Alvarado. Del Atlántico con amor. Parte de la muestra: Pero la desobediencia dormía. MAC, Santiago de Chile, 2016. Foto: María José Canales
Takuri Tapia. Al final. Parte de la muestra: Pero la desobediencia dormía. MAC, Santiago de Chile, 2016. Foto: María José Canales

De hecho, hay cierta conexión entre la obra de Benjamín Ossa y la video-instalación Al Final, de Takuri Tapia, a propósito de la luz como motivo. No obstante, en ésta última, la solemnidad de la luz se ve instalada sobre un agresivo contexto, mediante el registro audiovisual de los arcoíris formados por el agua lanzada por el carro policial durante las marchas estudiantiles en Chile el año 2011. Se genera aquí una tensión entre los actos de agresión policial y la calma y belleza del arcoíris. Una analogía sobre la lucha, ya constante, entre la fuerza policial y los estudiantes. Pero también la ironía presente al constatar la forma en que la agresividad puede lograr algo tan suntuoso.

Por otro lado, Narda Alvarado —artista de nacionalidad boliviana— presenta Del Atlántico con amor. La artista nos muestra a la fuerza naval de Bolivia en disposición para el registro en vídeo, mostrando una serie de ejercicios marciales, y luego recibiendo un regalo de la artista: un balde de agua marina, que anteriormente ella misma recogió de la costa para entregarla en un acto solemne. Un acto de amor para la fuerza naval que sigue en ejercicio, a pesar de la carencia de salida al océano. Un gesto que apela, de manera universal, a sentimientos de pérdida y añoranza.

En su obra, Enrique Ramírez también acude al paisaje marítimo, pero desde una perspectiva más bien poética. Una mirada en donde la memoria del mar y los sueños sobre éste salen a relucir. En esta sala podemos ver distintos ejercicios, con distintos propósitos, pero bajo el mismo patrón propio del paisaje. Desde la nostalgia, en ejercicios como Los Recuerdos de esta Tierra, otros que tratan más sobre el dibujo de una utopía de paisaje en un plano, como en The kingdom of Chile, hasta el dibujo del paisaje de manera más sutil, tal como en La geografía, en donde se observa el registro de una caída, en distintos momentos y desde diferentes altitudes.

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