Más de 20 marinas de destacados artistas catalanes desde mediados del siglo XIX y principios del XX, como Ricard Martí, Joaquim Terruella o Dionís Baixeras Verdaguer, podrán verse en Gothsland Galeria d’Art de Barcelona hasta el 31 de julio. Óleos, acuarelas, dibujos a la cera y al carbón, de gran y pequeño formato, muestran distintas visiones del mar, sus costas y sus gentes

El mar en todas sus variantes, desde los barcos, las playas, las olas, hasta la pesca o los puertos, es un tema recurrente en la pintura y que ha servido de inspiración a multitud de artistas de distintas corrientes artísticas. En realidad, lo que conocemos como “marinas” es un subgénero dentro del género de paisaje.
Como es bien sabido, el paisaje como género nació en el siglo XVII y se desarrolló en toda su plenitud en los siglos XVIII-XIX. Y, en concreto, el paisajismo marino está relacionado estrechamente con la Holanda del siglo XVII, como una manera de reflejar su poderío naval y la fuente de sus riquezas. Los veneciano e ingleses también se sumaron a esta “moda”, donde destacan de manera sobresaliente William Turner o Canaletto. En el siglo XIX había tanta demanda de este tipo de pintura que nació un mercado dominado por rusos y estadounidenses dedicado exclusivamente a las marinas. El impresionismo aporta grandes novedades en cuanto al tratamiento del color y de la luz y al hecho de que el artista pinta directamente al aire libre.

En la cala del Ros, Cadaqués, de José Mongrell Torrents, 1923, óleo sobre lienzo, 90 x 1205 cm. Arriba, Puerto de Barcelona, de Ricard Martí Aguiló, hacia 1878, óleo sobre lienzo, 35 x 70 cm.

La exposición de Gothsland Galeria d’Art de la Ciudad Condal no solo es todo un despliegue de distintas visiones de paisajes marítimos, tantos como artistas, sino que va más mucho más allá, permite al visitante descubrir un estilo de vida que ha pasado a la historia, como el arte de la pesca (como las obras de los años cuarenta y cincuenta del siglo XX de Joaquim Terruella) y lugares que han cambiado tanto su fisonomía que apenas podemos reconocer, por ejemplo, una vista del primitivo puerto de Barcelona de Ricard Martí realizada a mediados del XIX.
La pintura del mar exhibe una cuidada selección de más de 20 obras (óleos, dibujos a la cera, al carbón y acuarelas, en gran y pequeño formato) de destacados artistas catalanes en un arco cronológico que va desde principios del siglo XIX hasta mediados del XX. Está dividida en tres ejes temáticos: El costumbrismo marinero: barcas y pescadores, el Puerto de Barcelona y Costa catalana: miradas al mar Mediterráneo.
El costumbrismo marinero: barcas y pescadores
En la cala d’El Ros, un óleo de hacia 1923 de José Mongrell Torrent (Valencia ,1870-Barcelona, 1937), el pintor muestra a unos pescadores, casi adolescentes, haciéndose a la mar con una barca y los aparejos de pesca. Este cuadro es una versión de otro anterior, 1922,  que Mongrell realizó en Cadaqués y que se encuentra en el Museo de Pontevedra. Aunque en conjunto se trata de la misma escena, cambia la luz de la mañana por la del atardecer y el personaje central es un hombre adulto en vez de un adolescente.
Marina, de Frances Gimeno Arasa, óleo sobre lienzo, hacia 1915-18, 285 x 28-5 cm.

Marina, de Frances Gimeno Arasa, óleo sobre lienzo, hacia 1915-18, 285 x 28-5 cm.

Del mismo artista también se expone En la red (1930), una escena típica de playa con cierto toque erótico al mostrar a una joven que yace entre las redes. En esta obra se intuye la influencia del la pintura noucentista pero sin llegar a abandonar los típicos juegos lumínicos del sorollismo. También el catalán Joan Llaverias i Lavró (Vilanova i la Geltrú, 1865-Lloret de Mar, 1938) trató en sus obras las tradiciones pesqueras y los paisajes de Lloret de Mar y la Costa Brava
En resumen, en este apartado de la exposición el visitante descubrirá una pintura costumbrista, pero a su vez una representación idealizada de la realidad y, en el caso de algunos pintores, teñida de cierta melancolía o misticismo, como la obra de 1885 Esperando la vuelta de los pescadores, de Joan Llimona i Bruguera (Barcelona, 1860-1926), que transmite un presagio de tragedia al mostrar un fuerte oleaje, un cielo oscuro que anuncia una tormenta y una mujer mirando al mar que espera la llegada de los barcos. También hay obras de Dionís Baixeras o Ricardo Brugada.
Puerto de Barcelona
La imagen del puerto de Barcelona que se muestra en esta exposición corresponde a la evolución que experimentó a partir de la segunda mitad del siglo XIX. En 1881 se derribó la muralla de mar, lo que permitió una nueva visión de la fachada marítima y a partir de finales del siglo XIX se comenzó a planificar la construcción del paseo marítimo.
Joaquim Terruella Matilla (Barcelona, 1891-1957) plasma en el óleo Puerto de Barcelona una imagen con un cierto aire bucólico de inspiración impresionista. El grosor de la pincelada se acentúa a las tonalidades blancas que dibujan el mar y el cielo, separados por la línea horizontal que sitúa la perspectiva sobre el escenario de la colina de Montjuïc, perfilando el límite geográfico del puerto.
Pescadores en el Puerto de Barcelona, de Joan Baixas i Carreter, 1898, óleo sobre lianzo, 76 x 110,5 cm.

Pescadores en el puerto de Barcelona, de Joan Baixas i Carreter, 1898, óleo sobre lianzo, 76 x 110,5 cm.

Un punto de vista similar es el elegido por Dionís Baixeras Verdaguer (Barcelona, 1862-1943) en la acuarela Visita de Alfonso XIII al dique flotante (Puerto de Barcelona), de 16 de abril de 1904. Otra visión del puerto de Barcelona es la de Joan Baixas i Carreter (Barcelona, 1863-1925) con Pescadores en el puerto de Barcelona (1898). En otras obras de temática portuaria presentes en esta exposición, podemos contemplar la transformación del puerto de Barcelona. Ricard Martí Aguiló (Barcelona, 1858-1936), hijo del pintor Ramon Martí Alsina, en Puerto de Barcelona presenta una vista del puerto desde la Barceloneta, con la pequeña playa donde los pescadores encallaban las barcas y que quedaba bajo la escollera del puerto, donde se encontraba el antiguo faro, de 1772, hoy en día, transformado en la Torre del Reloj.
Lluís Graner Arrufí (Barcelona, 1863-1929) en Puerto de Barcelona muestra una panorámica de la fachada marítima de la ciudad. Detrás de las chimeneas y masteleros de los barcos aparece la Junta de Obras del Puerto, un edificio construido entre 1903 y 1907 por el arquitecto Julio Valdés. En un segundo plano pueden verse la plaza y los edificios que sustituyeron en 1837 al Convento de Sant Francesc y se intuye la plaza del Duque de Medinaceli y la antigua fachada del exconvento de la Mercè. Graner hizo otras panorámicas portuarias con vistas más detalladas de la fachada del puerto y de los muelles o de los tinglados, también representó el puerto en paisajes nocturnos.
Francesc Gimeno Arasa (Tortosa, 1858- Barcelona, 1927) vivió durante un tiempo en la localidad de Llançà donde pintó paisajes del Puerto de la Selva y su primera marina de la Costa Brava. En Puerto de Barcelona vemos un primer plano de unos barcos en el muelle.
Costa catalana: miradas al mar Mediterráneo
La costa catalana ha atraído a escritores, pintores, arquitectos, cineastas, fotógrafos y músicos. En este ámbito de la exposición se dedica una mirada al pasado, como si fuesen ventanas que miran hacia el mar Mediterráneo catalán a partir de pinturas y dibujos desde finales del siglo XIX hasta la primera mitad del siglo XX.
Paisaje de Cadaqués, de Eliseu Meifrén Roig, hacia 1910, carbón sobre papel, 39 x- 50,5 cm.

Paisaje de Cadaqués, de Eliseu Meifrén Roig, hacia 1910, carbón sobre papel, 39 x 50,5 cm.

Fue el escritor, poeta, periodista y político Ferran Agulló quien bautizó en 1908 a la parte de la costa de Girona que va desde Sa Palomera (Blanes) hasta la frontera con Francia en Portbou como Costa Brava. Este espacio está formado por costas de calas y acantilados, con poblaciones que se dedicaban básicamente a la pesca. Modest Urgell  (Barcelona, 1839-1919) fue uno de los precursores de retratar pictóricamente la Costa Brava, pero también hay otros nombres destacados, como Claudi Lorenzale, Joaquim Vayreda, Martí Alsina, Joan Llimona, Xavier Nogués, Joaquim Mir o Francesc Gimeno, entre muchos otros.
Marina, de Modesto Urgell, Museo de Arte de Girona.

Marina, de Modesto Urgell, Museo de Arte de Girona.

En definitiva, una recomendable exposición porque permite conocer el trabajo de artistas catalanes que no se exponen habitualmente y además permite comprobar cómo cada uno de ellos se enfrentaba desde distintos puntos de vista, tanto estilísticamente como temáticamente, a los mismos paisajes. También es muy interesante para el espectador descubrir cómo eran esos lugares hace más de un siglo y que ahora son completamente distintos.
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