La Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat, en Buenos Aires, presenta la muestra Horacio Zabala, La pureza está en la mezcla, una selección de trabajos realizados por el artista argentino desde los años 70 hasta la actualidad, algunos hechos especialmente para la ocasión. Desde su primera exposición individual, en 1967, Zabala ha venido empleando lenguajes visuales mínimos y medios heterogéneos. Con ellos interroga, desvía y pone en relación ficciones, informaciones y percepciones sobre el contexto que le toca vivir. Estas maneras de hacer dan lugar a su versátil producción de imágenes, objetos, signos, textos e instalaciones.

Según el curador de la muestra, Rodrigo Alonso, desde su adhesión al Centro de Arte y Comunicación (CAYC), en 1972, Horacio Zabala forma parte de un conceptualismo ideológico, de un arte de sistemas, como lo definía en esa época el propio director  del CAYC, Jorge Glusberg.

“Su trabajo de esos años se basa principalmente en un conjunto reducido de recursos explorados de manera metódica: el uso de sellos de goma (que le permite repetir una palabra o frase sobre diferentes soportes, jugando con las relaciones contextuales que se producen en cada caso), los mapas (que son a veces impresiones escolares compradas en una librería, y otras, dibujos con lápiz), y los planos arquitectónicos (realizados en lápiz sobre papel de calco). Cada uno de ellos nombra un sistema específico de connotaciones sociales manifiestas: la organización burocrática, la delimitación geopolítica y la proyección instrumental del espacio vital”.

El idioma analítico de Horacio Zabala

Por Rodrigo Alonso

Fragmento del texto curatorial

El primer conjunto de obras (de sellos de goma) pone el énfasis en la tensión entre la palabra (o frase) y el espacio que ocupa. El carácter impersonal de la tipografía de molde y la repetición mecánica del gesto de sellar anulan al operador y parecerían expurgan todo rastro de subjetividad. Sin embargo, en la fricción significativa, en el choque entre el vocablo y la superficie sobre la que descansa, se pone de manifiesto una intencionalidad crítica que no pasa desapercibida. Una serie de estos trabajos utiliza la frase Art is a Jail (1972), llamando la atención sobre los límites que constriñen la práctica artística en su versión institucional, reglamentada por el sistema discursivo del arte. En otras ocasiones, Zabala utiliza sellos con las expresiones “censurado” o “revisado” (1973-1974), que imprime sobre libros, periódicos, mapas, etc. Aquí las palabras parecen aludir a un poder vigilante con la autoridad para consentir o desautorizar, permitir o negar, admitir o anular. Esta alusión cobra todo su sentido en el contexto político de la época, en el cual la vigilancia y la censura eran actividades cotidianas.

Los mapas trasladan las tensiones políticas hacia el espacio geográfico. Tras el golpe de Estado que destituye al presidente socialista Salvador Allende en Chile (1973), todo el territorio latinoamericano comienza a sumirse en conflictos armados y dictaduras, al tiempo que se van desvaneciendo los ideales emancipadores insuflados por la Revolución Cubana. Zabala registra este proceso en mapas desfigurados e inestables, que a veces aparecen quemados, violentados u obturados. Ya en esos días comienzan a aparecer los primeros monocromos que bloquean los detalles geográficos (Serie de las obstrucciones, 1973-1974), operación que el artista retomará en los años recientes.

Pero su mirada no se detiene exclusivamente en los problemas coyunturales. Hay, además, un señalamiento crítico sobre los sistemas de representación de las nacionalidades y las identidades territoriales que surgen como consecuencia de los trazados cartográficos, y sobre la práctica misma de la geografía como disciplina que estabiliza unos territorios inaprensibles y cambiantes. En los términos esgrimidos por Jorge Glusberg en esos días, hay una visión de la geografía como sistema ideológico, y un intento por transparentar sus formas de acción a través de la manipulación de sus convenciones discursivas”.

Horacio Zabala, El incendio y las vísperas I, 1974, mapa impreso quemado, 47 x 31,6 cm. Colección del artista. Foto: Estudio Giménez-Duhau
Horacio Zabala, Monocromos sobre ciudades, 2011 - 2015. Detalle: Roma. Tinta gráfica sobre mapas impresos. Dimensiones variables. Colección del artista. Foto: Estudio Giménez-Duhau

A través de más 100 obras, la exposición invita a recorrer las problemáticas y los conceptos abordados por este artista a lo largo de sus casi 50 años de trayectoria. La muestra, abierta hasta el 20 de junio, va acompañada de un catálogo bilingüe realizado en forma conjunta con el Phoenix Art Museum. Esta publicación incluye textos de Rodrigo Alonso y Vanessa Davidson -Curadora en Jefe de Arte Latinoamericano del Phoenix Art Museum-, donde se prepara una exhibición del artista para este año.

La Pureza está en la mezcla

Que la pureza esté presente en la mezcla confronta y agita mis efímeras convicciones estéticas. Tomo prestadas esas palabras de una poesía de Rafael Sánchez Ferlosio para forzarlas hacia el contexto del arte.

Nunca encontré objetos, imágenes ni obras de arte puras. En mi propia práctica artística no siento la exigencia de perfección inmaculada e intemporal que entraña la pureza. Al contrario, considero que cualquier experiencia sensible y cualquier producción artística están expuestas a la libre interpretación, a la emergencia de lo contingente y a la imperfección de lo que existe.

Creo que en el arte la mezcla es más que un procedimiento técnico. La considero un despliegue, una experiencia inaugural que puede dar lugar a ocultas correspondencias entre las formas, los conceptos y los materiales. Entre lo mismo y lo diferente.

“La pureza está en la mezcla” también es una alusión: la pureza se origina en la mezcla: su originalidad (su autenticidad) es su proximidad con el origen.

En todo caso, si lo que llamamos pureza aparece, está en las relaciones invisibles de la mirada y lo mirado, de lo sentido, lo pensado y lo dicho. Está en la mezcla de lo real, lo simbólico y lo imaginario.

Horacio Zabala

Horacio Zabala, Pedestal para tres monocromos (Malevich & Duchamp), 2015, banqueta de madera, acrílico sobre tela, 134 x 100 x 29 cm. Colección del artista. Cortesía: Estudio Giménez-Duhau
Horacio Zabala, Las obras completas de Mondrian III, 2006, acrílico sobre madera, cartón entelado, 2 piezas. 31 x 10,5 x 21 cm c/u. Dimensiones variables. Colección del artista. Foto: Estudio Giménez-Duhau
Horacio Zabala, A sangre fría (Truman Capote), 2002 - 2010, piezas de ajedrez, acrílico sobre tela, 50 x 40 x 15 cm. Colección del artista. Foto: Estudio Giménez-Duhau

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