En Melbourne se ha montado una cámara del sexo que no tiene ni látigos, ni cadenas ni esposas. Se ubica en la mitad del jardín botánico y está especialmente hecha para vivir una experiencia erótica con la naturaleza.

Los ecosexuales son quienes tienen tiene fantasías con la madre tierra, usan sus sentidos para intensificar sus sentimientos románticos y sexuales hacia el medio ambiente. Así, en esta sex-house una persona puede hacer de la Pachamama su amante.


El concepto de ecosexualidad fue creado por Beth Stephens y Annie Sprinkle, dos mujeres precursoras del post-porno y amantes de la naturaleza. El 1 de mayo del 2014 ambas artistas se casaron con la tierra, se sentían atraídas por su poder de dar vida, su belleza y su sex appeal.

Un ecosexual le habla dirty a la naturaleza, la besa, lame la tierra, se entierra a sí mismo en ella, baila y nada desnudo, abraza árboles y le da masajes a la tierra; todo esto mientras su entorno, el medio ambiente, lo mira.

La “Ecosexual Bathhouse” fue creada por los artistas Ian Sinclair y Loren Kronemyer. Ellos plantean que si alguien logra desarrollar atracción sexual y amor por la biosfera, en el futuro cuidará de ella con dedicación. Es por esto que consideran esta instalación como un acto de activismo.

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Los artistas buscan que la relación del día a día con la naturaleza se transforme en algo extraordinario, y que así las personas se cuestionen su relación con la biósfera, cuánto valor le dan y qué tanto están inmersos en su vitalidad sexual, consciente o inconscientemente.

La instalación consta de seis habitaciones, algunas de ellas tienen performances y otras se enfocan en los sentidos. La idea es que quien entre se sienta atraído romántica y sexualmente por la naturaleza. La protección también es importante por lo que la gente debe usar condones en los dedos antes de acariciar, por ejemplo, una flor. La gente puede caer en un trance intoxicante a través del sonido de una tormenta o en un baile privado con un calamar o un ave del paraíso.

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Para Sinclair y Kronemyer las preferencias sexuales humanas evolucionaron con el medio que nos rodea, así que tiene sentido hacer que ambas cosas se entrelacen. Los artistas afirman que el órgano sexual más grande es el cerebro y si aplicamos nuestras habilidades de imaginación e inmersión sensorial al medio ambiente, podemos aprender a amar la tierra y respetar la diversidad que existe en nuestro alrededor todos los días.

Si bien afirman que cuando la mayoría de la gente tiene su primer encuentro con la ecosexualidad tienden a estar nerviosos, rápidamente se sueltan y terminan sintiéndose reenergizados y relajados a la vez. Muchos han pedido incluso más habitaciones para explorar con más detalle las sensaciones que han experimentado en esta “Ecosexual Bathhouse”.

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Fuente Original