9 pintores que lograron capturar el lado más sensual de ser mujer

Una mujer altiva es sensual porque enaltece por sí sola su belleza y, al colocarse por encima de todos los hombres, se convierte en su deseo máximo, su más grande sueño y su último pecado. Si fueran como la fruta que está al nivel del suelo, cualquier persona podría pisarla mientras camina sin voltear abajo, en cambio, si se mantiene a lo alto, los rayos del sol la bañan con luces doradas que contrastan con sus ojos o su piel delicada.

La tarea de retratar a una mujer que está por encima del mundo no es fácil. Muchos piensan que por pintarlas al desnudo crean un efecto mágico, pero hasta para dibujar formas curvilíneas se necesita una sensibilidad y un ojo entrenado. El primer desnudo en el arte se realizó en las civilizaciones del Próximo Oriente, es decir, en Egipto y Mesopotamia. Aquellas obras, a pesar de mostrar cuerpos femeninos al descubierto, no despiertan ningún tipo de pasión. En cambio, los siguientes pintores construyen una obra llena de sensualidad valiéndose de algo más que una mujer sin prendas.

Félix Vallotton
“Mujer con sombrero negro” (1908)

Un gran sombrero negro que contrasta con rosas, un collar de oro que cae hasta el busto y una tela traslúcida que cubre una piel rosada. Con ternura se asoma un infantil pezón y un gesto arrogante. La contraposición de elementos parece no favorecer la obra de Félix Vallotton, pero hay un elemento invisible que transforma por completo “Mujer con sombrero negro”. Algunos lo llaman lascivia, otros erotismo, pero el concepto perfecto es sensualidad.

Gustav Klimt
“Judith I” (1901)

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Judith representa la contundente victoria de la mujer sobre la figura bruta del hombre. Ella es muy bella pero bajo su imagen se encuentra ua intensa pasión religiosa y patriótica. La historia dice que fue hasta el campamento de Holeofernes, general que estaba por invadir a su pueblo, a matarlo. Lo embriagó y lo sedujo con sus encantos. En el momento oportuno lo decapitó.

Gustav Klimt reúne todas las cualidades de Judith y le agrega una pasión erótica. La expresión de la mujer es seductora y fatal al mismo tiempo: El encanto altivo que engañó a un general y lo mató.

Pierre Bonnard
“Siesta, el estudio del artista” (1900)

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La figura de las musas es crítica para el arte. Como su nombre lo indica, la pintura presenta el momento en el que una mujer se toma un descanso tras estar trabajando con el artista. Fue el primer desnudo de Bonnard y no hay ni un gramo de pecado, porque la musa es su esposa.

Pierre Bonnard muestra que incluso las mujeres al descansar son delicadas y atractivas. Lo único que se necesita es naturalidad, comodidad y una pose inocente.

Jean-Honoré Fragonard
“El columpio” (1767)

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Una bella mujer y dos hombres. Quien está atrás (de lado derecho) es el marido de la dama. Él empuja tranquilamente a su esposa, sin imaginar que al otro lado escondido entre la hierba estaría su amante. Para los críticos, la escena es tan pecaminosa como sensual.

Con la obra de Fragonard se afirma que la belleza es un arma de doble filo. Quien sostiene el mango, clava la daga. ¿Quién lo sostiene? La mujer. Y el hombre es el blanco ineludible del filo cortante y mortal.

Noël Nicolas Coypel
“El nacimiento de Venus” (1732)

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Coypel fue uno de los pintores franceses que tuvo el privilegio de decorar el Palacio de Versalles. Por pertenecer a un estilo Rococó o pintura galante, Noël Nicolas usó colores claros y delicados. Las formas curvilíneas están presentas en los cuerpos de las mujeres, el tema principal de la época. En “El nacimiento de Venus” se representa al mito helénico donde las ninfas y querubines veneran a la mujer más bella del todo el planeta.

François Boucher
“Desnudo en reposo” (1752)

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François Boucher fue otro pintor de la época Rococó. A diferencia de la obra de Coypel, Boucher no pinta escenas mitológicas sobre el amor, sino una realista imagen de una chica recostada sobre un diván. Su postura sugerente, con las piernas totalmente separadas sobre las sábanas, lo convierte en el desnudo más maliciosamente erótico de aquella época.

Maestro de la escuela de Fontainebleau
‘Gabrielle d’Estrées y la duquesa de Villars’ (1594)

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Las mujeres que están dentro de la bañera son Gabrielle, amante del rey de Francia Enrique IV, y su hermana. Aunque parezca extraño, aquel gesto de agarrarle el pezón a Gabrielle simboliza su embarazo. Ella está sosteniendo un anillo para connotar su compromiso real. Al fondo una mujer está cosiendo lo que serían las primeras prendas del bebé.

Gabrielle conquistó a Enrique por su gran belleza. Tenía la piel blanca que contrastaba con sus ojos azules. Aquella armonía y encantó quedó retratada por el Maestro de la escuela de Fontainebleau

Pedro Pablo Rubens
“Betsabé en la fuente” (1635)

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Hay mujeres tan sensuales que conquistan a los hombres con tan sólo mirarlos. La historia de Betsabé demuestra el efecto hipnótico de la belleza.

Un día, David salió a pasear por la mañana. De pronto sus ojos se posaron en una bella mujer al filo de la fuente. Él preguntó de quién se trataba y le respondieron que Bestsabé. En ese momento le mandó un mensaje para cortejarla. Rubens representa el momento en el que el mensajero entrega la carta. Momentos después la damisela se encuentra en la casa de David para hacer el amor.

Johannes Vermeer van Delft
“Muchacha con arete de perla” (1666)

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Por la forma en la que trabajó Vermeer con la luz, los ojos de la modelo resaltan de una manera seductora. Tienen un tono aperlado casi como la piedra preciosa que tiene como pendiente. La sombras hacen que la vista se pose en las partes iluminadas y los espectadores se pierdan en un abismo de belleza holandés.

Como fruta madura, la sensualidad de las mujeres se concentra en el jugo de su cuerpo, el cual está a disposición de los privilegiados que ellas mismas escojan. En el mejor de los casos, aparecerá un artista que rompa con el estigma y pinte sus curvas para compartir con los desafortunados un poco de las bebidas de los dioses y del arte de ser mujer.

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