El Museum Rockoxhuis de Amberes dedica una exposición a esta pintora flamenca y una de las pocas mujeres artistas activa en la primera mitad del siglo XVII. Comisariada por Alejandro Vergara, jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte del Museo del Prado, esta muestra exhibe un conjunto de sus mejores obras y analiza además la situación de las mujeres artistas a principios de la Europa Moderna. En Amberes hasta el 2 de octubre, y a partir de finales del mismo mes, en el Museo del Prado

Muy poco se sabe de la biografía de Clara Peeters (Amberes, h.1594-h.1659), entre los pocos datos está la partida de su bautismo en la iglesia de Santa Walpurgis (Amberes) el 15 de mayo de 1594. Apenas se sabe nada sobre su formación, aunque algunos expertos afirman que era hija del pintor Jan Peeters, con quien debió aprender el oficio de pintora desde muy pequeña, ya que su primera obra firmada (Bodegón de galletas, Galería Hoogsteder, La Haya) data de 1607, cuando tenía trece o catorce años.

Retrato de una dama (posiblemente autorretrato), de Clara Peeters, hacia 1610, óleo sobre tabla, 37,2 x 50,2 cm, colección particular. Arriba, Naturaleza muerta con frutero de plata, óleo sobre tabla, 34,1 x4 6,8 cm, colección particular.

Aunque su actividad se centró principalmente en Amberes, algunos especialistas piensan que pudo vivir durante algún tiempo en las Provincias Holandesas, en concreto en Ámsterdam (1612) y La Haya (1617), por la influencia del pintor Osias Beert I en sus obras tempranas y porque en su etapa de madurez se aprecia también cierta influencia de la escuela neerlandesa de Haarlem. Están documentadas alrededor de unas 30 obras, siendo su etapa más productiva y de gran madurez creativa entre los años de 1611-1612, su última pintura fechada es de 1621, La Virgen y el Niño dentro de una corona de flores, aunque según algunos expertos habría habido una obra suya de 1657 que hoy se encuentra desaparecida.  Después de 1621 se desconoce si siguió pintando. Quizá al contraer matrimonio con Hendrick Joossen en 1639, su actividad como pintora pasó a un segundo plano.

Mesa, hacia 1611, óleo sobre tabla, 55 x 73 cm, Madrid, Museo del Prado,. Procede de la colección de la reina Isabel de Farnesio, localizándose en el Palacio de La Granja en 1746.

Mesa, hacia 1611, óleo sobre tabla, 55 x 73 cm, Madrid, Museo del Prado. Procede de la colección de la reina Isabel de Farnesio, localizándose en el Palacio de La Granja en 1746.

Clara Peeters es una pintora no solo especializada en el género de naturalezas muertas, como bodegones (sobre todo escenas de desayuno y banquetes) y flores, sino que está considerada la precursora de este género artístico en los Países Bajos. Sus bodegones destacan por el detallismo y porque los objetos se disponen unos junto a otros, su capacidad técnica y preciosista se advierte en la particularidad de que Clara Peeters incluya su miniautorretrato o su nombre en los objetos que aparecen en sus composiciones, como por ejemplo en el reflejo de las copas de orfebrería, una singularidad que adoptarían posteriormente muchos artistas.

Detalle del cuadro a la mesa.

Detalle del cuadro Mesa, en la parte central del cuchillo aparece la firma de Clara Peeters.

El hecho de incluir su autorretrato en muchos de sus lienzos quizá sea una manera de dejar patente que se consideraba por encima de todo pintora, una forma de reivindicar/se en una profesión dominada por hombres. Y es que para quién se pinta a sí mismo un pintor, no para sí mismo, sino para la posteridad. Y esto lleva a otra pregunta, ¿a quién podría interesarle el autorretrato de un pintor? Para Miguel Morán Turina, en Barroco. Pintándose a sí mismos (el primer libro de la colección Descubrir la Historia del Arte): “A sí mismo, por supuesto, e indudablemente tal es el origen primero de muchos cuadros y dibujos (…) Pero seguramente empezaban a interesar también a todos aquellos que consideraban al artista como un ser especial, cuyo rostro era digno de figurar en las galerías de hombres ilustres (…). En última instancia, a todos aquellos que, cuando adquirían algún cuadro de un pintor famoso, les gustaba encontrar introducido su autorretrato en él a modo de firma”.

Mesa, hacia 1611, óleo sobre tabla, 52 x 73 cm, Madrid, Museo del Prado. En 1746 la pintura estaba en la colección de pinturas de la reina Isabel Farnesio en el Palacio de La Granja. En la jarra metálica, el reflejo permite ver el exterior del cuadro, donde se autorretrató la artista.

Mesa, hacia 1611, óleo sobre tabla, 52 x 73 cm, Madrid, Museo del Prado. En 1746 la pintura estaba en la colección de pinturas de la reina Isabel Farnesio en el Palacio de La Granja. En la jarra metálica, el reflejo permite ver el exterior del cuadro, donde se autorretrató la artista.

En sus bodegones Clara Peeters mezcla frutos, flores o piezas de pesca y caza con objetos preciosos como copas de cristal, vajillas de cerámica o metal (por ejemplo, monedas de oro), como una manera de mostrar la riqueza y el lujo en las casas de la burguesía de los Países Bajos en el siglo XVII. Fue la primera artista que incluyó peces en sus composiciones, un hecho que para algunos autores está relacionado directamente con el simbolismo religioso, como en Bodegón con un pez y un gato (Museo Nacional de Mujeres Artistas, Washington) en el que el pez, asociado al símbolo de Cristo, está colocado en forma de cruz.

Bodegón con pez y gato.

Bodegón con un pez y un gato, óleo sobre tabla, Washington, Museo Nacional de Mujeres Artistas.

Y aquí hacemos un paréntesis para explicar la historia de este museo de Washington, ya que su existencia está relacionada directamente con Clara Peeters. Wilhelmina Cole y Wallace F. Holladay, coleccionistas y fundadores de este museo, decidieron crear un espacio donde se exhibiese exclusivamente obras realizadas por mujeres artistas al quedarse impactados al descubrir una obra de la pintora flamenca en una galería de Viena y poco después uno de sus bodegones en el Museo del Prado. La sorpresa de la señora Holladay fue mayúscula cuando comprobó que en uno de sus libros de cabecera y que consultaba habitualmente, H. W. Janson’s History of Art, no aparecía ni siquiera una pequeña mención sobre Clara Peeters y tampoco sobre ninguna otra mujer artista. A partir de ahí, se centró en coleccionar obras de arte realizadas por mujeres (entre ellas, el bodegón que hemos mencionado más arriba) y darlas a conocer al público.

Bodegón de gambas y langosta.

Bodegón con cangrejo, camarones y langosta, óleo sobre tabla, Museo de Bellas Artes de Houston.

Organizada por el Museo del Prado en colaboración con el Museo de Bellas Artes de Amberes (Koninklijk Museum voor Schone Kunsten Antwerpen), la exposición Clara Peeters. Dinner is served! (Clara Peeters. ¡La cena está servida!), que acoge hasta el 2 de octubre el Museum Rockoxhuis de Amberes y comisariada por Alejandro Vergara, jefe de Conservación de Pintura Flamenca del Museo del Prado, muestra una selección de las mejores obras que han sido prestadas entre otros por el Museo del Prado (que posee cuatro bodegones procedentes de las Colecciones Reales fechados en 1611), la Fundación Juan March, el Museo Mayer van den Bergh de Amberes o el Mauritshuis de La Haya.

Bodegón.

Bodegón con copas de cristal (Alegoría de la boda), 1607, óleo sobre tabla, 23,7 x 36,7 cm, Koller Auktionen.

Esta exposición no solo permitirá al espectador disfrutar de las obras de Clara Peeters sino que gracias a todo el trabajo de investigación que se ha llevado a cabo ayudará a desentrañar muchos de los misterios que envuelven a la artista y a profundizar en la obra de la pintora flamenca. Además se destacan los logros de esta dotada y delicada artista, quien fue una de las pocas mujeres artistas activa en la Europa del siglo XVII, y por eso se pone el foco también en analizar situación de las mujeres artistas a principios de la Europa Moderna.

Bodegón, hacia 1611, óleo sobre tabla, 52 x 71 cm, Madrid, Museo del Prado.Colección Real (Real Alcázar, Madrid, donde su majestad comía en verano).

Bodegón, hacia 1611, óleo sobre tabla, 52 x 71 cm, Madrid, Museo del Prado.Colección Real (Real Alcázar, Madrid, donde su majestad comía en verano).

Hay que resaltar que aunque parezca increíble es la primera exposición que el Museo del Prado dedicará a una mujer artista. Así que aunque tarde, bienvenida sea, y quizá esto abra las salas de la pinacoteca a otra de las grandes pintoras, Sofonisba Anguissola (Cremona, h. 1530-Palermo, 1626), de la que el Prado tiene una buena colección. Y también a que salgan de los almacenes una parte de las 30 obras de mujeres artistas que posee la pinacoteca nacional, ahora mismo solo se exhiben cuatro obras de tres pintoras. Porque ya es hora de contradecir a Boccaccio que dijo que “el arte es ajeno al espíritu de las mujeres pues esas cosas solo pueden realizarse con mucho talento, cualidad casi siempre rara en ellas”.

Bodegón con alcachofa, cangrejos y cerezas.

Bodegón con alcachofa, cangrejos y cerezas, 1618, óleo sobre tabla.

A. S. C.

Fuente Original

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