SOBRE LA EMERGENCIA DEL POP. IRREVERENCIA Y CALLE EN CHILE

Proveniente de una familia de apellido tetrasílabo, dueña de tierras, Errázuriz crece en el campo que su padre había heredado como parte de un mayor predio familiar en Requinoa y vive allí hasta los siete años, cuando recién llega a Santiago para ingresar al colegio. En el campo, las grandes dimensiones de la casa materna son, sin duda, una referencia de soporte expandido cuando descubre y utiliza un material común en el imaginario de las grandes cocinas, corredores y cobertizos de la infancia: el saco, que es también el material común con las primeras obras de la artista Valentina Cruz. Errázuriz abre, rompe y une estos sacos, comúnmente utilizados para guardar lo más básico, los alimentos de subsistencia, como papas o trigo. Utiliza el hilván, que etimológicamente hace referencia al hilo y al vano, para dar forma a cuerpos humanos y rostros. Este procedimiento permeará la obra de Errázuriz hasta la realización de la exposición Paisaje en Galería Sur en 1983 junto al artista Francisco Brugnoli, y luego en la reciente revisión y recontextualización de esa exposición en la muestra titulada con el mismo nombre en el Instituto Chileno Italiano de Cultura en 2016.

Hilván es de manera transversal para Errázuriz, una costura hecha con puntadas largas y poco apretadas, con la que se sujeta la tela para después coserla de manera definitiva. Se une con hilvanes, lo que se ha de coser después. Es trazar, proyectar, preparar con algo de precipitación. El hilván lleva en sí la idea de algo no concluyente, algo que se deja y se recupera después. Ese gesto del tomar para retomar es algo patente en la obra de Virginia Errázuriz presente en la exposición La emergencia del pop.

Valentina Cruz. Vista de la exposición La Emergencia del Pop, en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende, Santiago de Chile, 2016. Cortesía: MSSA
Valentina Cruz. Vista de la exposición La Emergencia del Pop, en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende, Santiago de Chile, 2016. Cortesía: MSSA

El saco es la base de los collages, que no son otra cosa que especies de seres de formas orgánicas que resisten una serie de superposiciones y pegoteos de hilos, lanas, retazos de géneros y perillas de cajones de muebles de origen doméstico, de joyas y adornos que encuentra a la mano. Crea con ello una serie de personajes que casi no han sido exhibidos, cuatro de los cuales se desplegaron en la exposición. Uno de ellos incorporaría la imagen del choque de un avión de juguete celeste con una fotografía de Eduardo Frei Montalva, electo en 1964; un recorte de prensa, y con ello irrumpe la imagen de los medios, que es la imagen de la realidad, pero enfatizándola, en palabras de la artista, “de manera muy personal”, para convertirlo en un relato privado, íntimo, porque lo que está a base de este conjunto de obras es siempre un mundo hiperpolitizado, pero apropiado desde el espacio privado, biográfico. Para Errázuriz, como para muchos artistas de ese entonces, se trabaja desde el aquí y el ahora, desde una realidad chilena y latinoamericana en oposición de los valores hegemonizantes estadounidenses.

Vista de la exposición La Emergencia del Pop, en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende, Santiago de Chile, 2016. Cortesía: MSSA
Vista de la exposición La Emergencia del Pop, en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende, Santiago de Chile, 2016. Cortesía: MSSA
Vista de la exposición La Emergencia del Pop, en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende, Santiago de Chile, 2016. Cortesía: MSSA
Vista de la exposición La Emergencia del Pop, en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende, Santiago de Chile, 2016. Cortesía: MSSA

Así, el tratamiento del ser humano como cosa y el coraje para enfrentar el destino de la muerte será la contrapartida local ante la complacencia norteamericana. Las discusiones más enfáticas las sostendrá el artista e historiador del arte Alberto Pérez, quien destacará la integración latinoamericana en sus textos y obras, como en América despierta, realizada junto a Patricia Israel en 1972.

Con la victoria electoral de la Unidad Popular y de Salvador Allende en 1970, la cultura pop alcanzó ribetes diferenciados: la gráfica se propagó, el sentimiento de revolución se permeó en las obras, la música popular, rock y hippie circunscribió la atmosfera de convicción, honestidad y humor.  Mientras que algunos artistas utilizaron la estética pop para instruir a los campesinos (Pérez e Israel), otros utilizaron el humor crítico y absurdo de la historieta, el comic y las viñetas sobre las presiones y conflictos tanto en el extranjero como en Chile, como es el caso de Batman en Chile de Enrique Lihn o los libros de artista de Guillermo Deisler.

Esta exposición busca ser un punto de partida para trazar un recorrido visual, explorando con más preguntas que certezas las transformaciones sociales vividas de los años sesenta y sus posteriores expansiones y desarrollos en los setenta. En particular, cómo las intenciones particulares de los artistas meditan, enfrentan, asimilan y crean una trasformación en el lenguaje de sus trabajos, afectando en su momento a un público y contexto determinado; y cómo estas obras, luego de cuarenta años de postergación y silencio en Chile, nos interpelan hoy al volver por primera vez a la luz pública.

Fuente Original