Espías en el fondo del mar, la tercera exhibición individual de Catalina Bauer en Die Ecke Arte Contemporáneo, reúne obra gráfica y textil, dos medios que han sido recurrentes en su obra. La exposición está compuesta por tres series de trabajos, definidos a partir de tres materialidades distintas. Lo textil cambia de escala y crece considerablemente. Para eso, en lugar de hebras de algodón, esta vez son utilizadas cuerdas de barco. Las cuerdas (o espías en castellano antiguo) poseen cinco centímetros de diámetro y han sido desarmadas en los extremos para tejer, con los más de cien hilos que la componen, objetos que parecen ser atuendos pertenecientes a alguna cultura del pasado.

Junto con los tejidos, se exhiben dos grupos de trabajos gráficos: uno está compuesto por una serie de pequeños esgrafiados, es decir, dibujos hechos mediante el raspado de una capa de tinta negra, para así dejar a la vista una superficie cobriza metalizada. El segundo grupo de trabajos gráficos, en cambio, consiste en un gran mural hecho con pliegos de papel manchados con alquitrán diluido en agua. Un sistema de impresión que ya antes la artista había utilizado y que se asemeja a la técnica del “marmoleado”, dejando a la vista la amplia gama de tonos negros y dorados que esta resina ofrece.

ESPÍAS EN EL FONDO DEL MAR

Por Ana María Yaconi, historiadora de arte

Los dioses tejen desventuras a los hombres para que las generaciones venideras tengan algo que cantar

Homero

El tejido en general, resulta un abierto llamado a la imaginación. Suele implicar un desenlace que aspira cumplirse, por supuesto, inventado como el de toda creación. Imaginamos el reencuentro de Ulises y Penélope tras el artilugio nocturno de tejer y destejer de la reina fiel.

Imaginamos con cierto temor, los tejidos de las Moiras, inflexibles como el hado, ordenando las horas de cada ser humano.

Imaginamos la compañía mítica funeraria de los mantos de Paracas en el cruce del umbral.

Y esa manta descomunal de Tita, la protagonista de Cómo agua para chocolate, que entumida del frío de la soledad, teje una cobija sin fin, para no morir de amor.

El que teje imagina y al imaginar cantamos y contamos. Tejer es crear un relato en fluencia, deslizarse por y con el tiempo a través de un material. Cuántas historias antiguas a la luz del hogar tejiendo sueños y relatos; travesías, recuerdos, nostalgias. Ordenando pensamientos añejos que en el tejer cobran sentido.

Es lo que ocurre a esas Espías en el fondo del mar, deshilachadas, cobrando nueva vida en las manos de Catalina Bauer, con esa serenidad de quien toma las riendas del caos y lo ordena hacia una historia con final feliz. Con el final que queremos tener. Asir las sogas, y tejerlas con amorosa amabilidad, destorcer su ruda tensión, para dulcemente, pero con firmeza, guiar los cabos a un nuevo destino, con significancias de otra amplitud.

Podemos fácilmente imaginar ese paño de espías trenzado, meciéndose en el ondular oceánico. Cubriendo ahora otras historias, de navegantes más sutiles. Imagino estas espías desenrollándose eternamente y pasando por las manos de la tejedora, ordena que te ordena pensamientos y sueños, con la sabia concordancia entre los ritmos que el tejer recoge: la danza de los astros, el vaivén de las olas, la alternancia de la luz y de la luna; el mundo íntimo de la oscuridad marina, acompasado con la lucidez de las manos artistas. Todo eso entregado al alma, regalando gestos amorosos sintetizados en los nudos de esa trama que agrega a las danzas cósmicas, el rejuego perpetuo de recibir y dar.

Catalina Bauer. Espías en el fondo del mar. Vista de la muestra. Die Ecke Arte Contemporáneo, Santiago de Chile, 2016. Foto gentileza de la artista.

Encontrarse con Espías en el fondo del mar es un llamado a navegar. Dejarse llevar. Una invitación de confianza. Las espías, por largo tiempo rudas habitantes del mar, se exponen en su vulnerabilidad, cruzan su suerte con las manos de Catalina, y entregan a ella su desnudez, para ser re-significadas y recibir una nueva vida. Útil. En el arte.

Las sogas deshilachadas como cabellos ondeando en el mar, cantan su propia historia tejida antaño. Sumergidas, asomando y ocultándose entre las olas, ahora tejidos, son un manto tibio para los sueños de los habitantes marinos.

Catalina Bauer. Espías en el fondo del mar. Die Ecke Arte contemporáneo. Santiago de Chile, 2016. Foto cortesía de la artista.
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