La galería Trinta Arte Contemporánea de Santiago de Compostela acoge hasta el 5 de mayo las exposiciones “EHS: las banderas no dejan ver la casa”, de Florentino Díaz, y “El ojo de la caja mágica”, de Juan Bosco Caride. Dos muestras en las que sus autores reflexionan sobre el lugar-casa y las barreras urbanas.

Florentino Díaz (Fresnedoso de Ibor, Cáceres, 1954) vive y trabaja en Madrid. Tiene ya en su haber una larga trayectoria expositiva, que arrancó en 1988 con su primera muestra individual en la Galería Ángel Romero de la capital. Ha participado también en numerosas exposiciones colectivas desde 1988, bienales y ferias como ARCO, Art Chicago y Art Cologne.

La exposición de la Galería Trinta ahonda en una de las obsesiones del creador, la casa, cuya idea ha explorado de “manera casi obsesiva” desde comienzos de los noventa. “Ese lugar donde nacemos y morimos, donde amamos y sufrimos, donde descansamos y somos felices, donde nos protegemos  y en el que, en fin, pasamos gran parte de nuestra vida”, reflexiona Díaz, “se ha convertido en un tema recurrente que aparece una y otra vez en mi obra. Es el centro alrededor del cual gira todo, de donde se sale y adonde se vuelve.  Hablo de todas las casas puesto que todas ellas somos todos y, todos somos el planeta en que vivimos”.

Justo cuando miles de refugiados que huyen de la guerra y el terror que asola sus países en busca de un “lugar-casa que les acoja y proteja”, continúa, “las fronteras se han cerrado y no permiten el paso en nombre de algunos derechos (que no se pueden entender más que como privilegios) enarbolando banderas nacionalistas que tapan o eclipsan la casa que un día habían soñado también podría ser la suya. Desde luego creo que Las banderas no dejan ver la casa”.

Junto a Díaz y también hasta el 5 de mayo, Trinta (Virxe da Cerca, 24 bajo, Santiago de Compostela) exhibe El ojo de la caja mágica, de Juan Bosco Caride (Vigo, 1963), una muestra en la que el artista pontevedrés presenta una serie de pinturas elaboradas a partir de dibujos, en las que ha prescindido del color y el tiempo parece haberse detenido. ” Prescindir del color”, reflexiona Bosco Caride, “me ayuda a distanciarme de la realidad representada. A parte de ser una metáfora de la opresión urbana es, la mía, una forma de representar cómo el ser humano se tabica, se encierra, cómo crea compartimentos estancos, barreras que impiden el paso y alejan”.

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