Los sueños, ese mundo irreal donde no existen prejuicios y el deseo se desata en su máxima expresión. Una realidad irreal con seres incapaces de existir, de sostenerse, de estar ahí desde el punto que vemos. El mundo surrealista donde sólo vemos un fragmento y el resto queda a la interpretación. Nosotros, los que observamos el lienzo, creemos que es posible que exista un mundo más allá, un tipo de “Inception” donde alguien más fabricó las ideas que están ahí.

El ser de cuatro cabezas que cada noche nos atormenta, la mujer desnuda que somos nosotros sin serlo, el desértico vacío que nos llena de dudas cuando la nada se aproxima y nosotros sólo estamos ahí, de pie, sin nada más que ser una clase de voyeuristas atentos a lo que puede ocurrir.

No ocurre nada, evidentemente, pero nuestra mente comienza a volar hacia otras posibilidades. Desvanecer de nuestro cuerpo, mirarnos fijos ante el lejano recuerdo de que lo que observamos, somos nosotros mismos. No es ilógico, sino la idea de un sueño lúcido, de concientizar el inconsciente. De hacer lo que queramos, de volar, convertirnos en unicornios, acabar con ese sujeto terrorífico que un día nos hizo sudar frío.

Ver en nuestro interior para plasmar ideas que no existen: tarea complicada. Recordar los sueños y sentirnos tan vivos dentro de ellos también es una labor monumental. Las dos ideas parecen estar completamente separadas: una en el plano del inconsciente y la otra, por el contrario, ocupando toda nuestra mente para hacerla posible.

Esos pintores surrealistas de los años 20 fueron tal vez los primeros en llevar sus ideas abstractas a un plano material. Mundos imposibles llenos de incongruencia se colaban y fugaban de su mente hasta tenerlos listos para presentarlos al resto del público.

Cuando Freud aseguró que los sueños podían hablar mucho más que aquello que simplemente recordábamos, un grupo de pintores modernos tomó su idea para crear realidades oníricas. El reverso de la lógica que explora la locura, los delirios y las fantasías a través del lienzo. Un método de análisis paranoico-crítico que nos muestra el conocimiento irracional de interpretaciones delirantes que llevan a un objeto a escenas que nadie creyó posibles.

Un mundo lleno de deseo libre, sin ataduras ni obstáculos. Los surrealistas adoptaron el método psicoanalítico de la asociación libre. Un sueño plasmado es un sueño consciente y he ahí la relación entre los sueños lúcidos y la pintura surrealistas… los cuadros más cercanos a experimentar la representación inconsciente. Freud siempre los rechazó porque decía que al plasmarlos, el inconsciente se desvanecía, pero justo un sueño lúcido busca lo contrario.
Aquí algunas pinturas que se sienten como si realmente tuvieras un sueño lúcido:

“Mamá, papá está herido” – Yves Tanguy

mama papa esta herido yves tanguy pinturas surrealistas
Los cuadros de Tanguy rescatan un silencio inquietante que podría volver loco hasta al más cuerdo. Cada uno de sus cuadros está poblado de seres imposibles, masas inclasificables que desatan las fantasías del pintor: la nada plagada de ese infinito mundo que no alcanzamos a apreciar pero que anhelamos ver, tal vez esta se haya convertido en la forma más pura del deseo.


“El asesino amenazador” – René Magritte

el asesino amenazado pinturas surrealistas
La incertidumbre y el misterio aparecen en este cuadro de Magritte en el que yace recostado el cadáver de una mujer desnuda sobre un sofá. El asesino disfruta con calma una melodía, mientras afuera dos hombres parecen acechar. Atrás, en el balcón, otros tres rostros se asoman y al mismo tiempo que observan el atroz crimen, parece que ven directo a nosotros haciéndonos parte del cuadro. Un juego de miradas entre nosotros, voyeristas de una realidad que no nos pertenece y aquellos que están ahí, simplemente observándonos… ¿quién podrá resistir más?


“Aquis submersus” – Max Ernst

aquis sumersus pinturas surrealistas

En 1919, Max Ernst creó este cuadro. Una alberca rodeada por otras construcciones. La noche alumbra la escena igual que nuestros sueños. La luna es el tiempo que a cada momento cambia y perece; y ese monolito que parece tener rostro, simplemente yace inmóvil y nos mira fijamente. La obra retoma el nombre de la novela homónima de Theodor Storm publicada en 1876 como un recuerdo que el pintor mantuvo arraigado a pesar de los años y entre un cielo azul, sólo somos capaces de mirar la extraña obra.


“El laberinto” – André Masson

el laberinto pinturas surrealistas
Una obra plagada de significados y simbolismos que recuerdan a Heráclito y Nietzsche. Masson parece desear formular una estructura en el caos para que deje de serlo a través de movimientos continuos, transformaciones y metamorfosis. El minotauro y su condición laberíntica son la representación de la fuerza que tiene la irracionalidad.


“Dominó alado” – Roland Penrose

domino alado pinturas surrealistas
Sentir que no somos nosotros, sino un simple instrumento subversivo de la naturaleza, puede parecer extraño, pero ¿qué no es extraño en los sueños? Inmóvil, azul, sin vida, una mujer renace como nido, la naturaleza la pone en marcha nuevamente a través de seres ajenos que poco a poco la matan y la hacen suya, o al menos eso parece en este cuadro de Penrose, pintor inglés allegado a las ideas de Max Ernst.

“Entrada en la ciudad” – Paul Delvaux

entrada en la ciudad pinturas surrealistas
Uno de los grandes representantes del surrealismo belga, junto a Magritte, fue Paul Delvaux. Su mundo de ensueño parece ser más bien una pesadilla en la que las mujeres son frías y sensuales, pero siempre parecen estar en un trance, hipnotizadas, dormidas, sin ver lo que realmente ocurre alrededor. En sus mundos conviven personas desnudas y caballeros vestidos para remontar al mundo onírico de oscuridad y tristeza que parecen ocultar la vida misteriosa y feliz.


“Landscape from a Dream ” – Paul Nash

Landscape from a Dream 1936-8 by Paul Nash 1889-1946
Una pintura que nos muestra la fascinación que sentía el artista por las teorías de Freud y el poder de los sueños para revelar lo inconsciente. Nash aseguró que la pintura está repleta de elementos simbólicos, como el halcón que se mira en el espejo y nos recuerda que parece al mundo material y las esferas que se reflejan, el alma.


“Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar” – Salvador Dalí

gala y tigres pinturas surrealistas
Gala, la musa de Salvador Dalí, levita dormida, tal como ese momento de suspensión en el que todavía creemos alcanzar la consciencia sin ser testigos de que estamos más allá de la realidad. Bajo su cuerpo flotan dos gotas de agua y una granada que tiene a su lado una abeja que no se va. La musa parece soñar mientras el inminente ataque de unos tigres que salen de la boca del pez, que a su vez sale de una granada, se aproxima. Dalí defiende la multiplicidad de significados de las imágenes con este cuadro y probablemente con casi todos.

Después de ver estas pinturas, tal vez quieras experimentar los pasos correctos para tener un sueño lúcido esta noche, son seis y son bastante sencillos.
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