Los mitos sobre las figuras más grandes en la cultura siempre son objeto de morbo, especialmente cuando se trata de un artista que pintó el siglo XX con excentricidad, locura y una personalidad llena de misterio. Genio para algunos, patético para otros, la figura de Dalí nunca pasó en blanco, indiferente para nadie. Los viajes oníricos del pintor catalán, su ruptura con Breton y los demás surrealistas, la forma en que se conducía en público, una personalidad arrebatadora y egocéntrica, además de las mascotas y los lujos que lo acompañaban a donde fuera, son solamente una de las facetas que el pintor que afirmaba ser el surrealismo en persona mostraba al público.

Profundamente influido por el psicoanálisis y la libre asociación de Freud, Dalí se manifestó seguidor y fue parte de la gran corriente de artistas que nutrieron su obra de los postulados del psiquiatra austriaco. El pintor y su obsesión por la fotografía, así como su desprecio por Picasso y las manifestaciones cubistas del arte, además de la extraña relación con Gala, su musa de por vida, terminaron por hacer un mito alrededor de su persona: golpeador, fascista, avaro y amante de la riqueza son sólo algunos de los adjetivos sin confirmar que inundan las conversaciones sobre el lado oscuro de uno de los artistas más destacados del siglo XX. ¿Cuáles eran esas fijaciones sexuales que servían de inspiración para las representaciones oníricas más poderosas de Dalí? Aquí cinco secretos depravados y sádicos que definieron la vida y la obra artística del maestro del surrealismo:

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Dalí era un adicto a la masturbación. Conforme fue creciendo, el catalán descubrió su sexualidad pero no de la forma común como suelen hacerlo la mayoría de las personas, sino con un profundo sentido de extrañeza y erotismo. Cuando era pequeño, el pintor comparó su pene con el de sus colegas de escuela, para descubrir que el suyo se trataba de uno mucho más pequeño y suave. Durante mucho tiempo, Dalí creyó que era impotente y desarrolló una obsesión con la masturbación, a tal grado de llegar a hacerlo hasta cuatro veces por día, según él, delante de un espejo. La masturbación le servía de inspiración, sin embargo, le parecía una experiencia lo suficientemente poderosa como para llevarlo para siempre al mundo de la sin razón.

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El pintor de “El Gran Masturbador” sufrió durante toda su vida de un problema de aceptación de la sexualidad como un acto humano completamente natural, generado por la educación ultraconservadora que recibió de su padre cuando aún era un niño. Conforme Dalí crecía, su padre le inculcaba lo malo que era someter su cuerpo a la experimentación sexual. En una ocasión, lo hizo ver un libro con imágenes a todo color sobre terribles infecciones de transmisión sexual, con órganos desfigurados y en estado de descomposición. El trauma fue tal que el genio creció convencido de que el contacto sexual era algo decadente y denigrante. Este pensamiento se trasladó a sus pinturas, como en la obra antes mencionada, que muestra una deformación de la mujer mientras realiza una felación a un hombre con las rodillas sangrando.


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3. En sus años de juventud, el pintor catalán fue vinculado sentimentalmente con Federico García Lorca, pues ambos compartieron tertulias y puntos de vista artísticos antes del estallido de la Guerra Civil Española. Algunas versiones extraoficiales señalan que Lorca trató de convencer al menos en un par de ocasiones a Dalí para que pasaran una noche juntos; sin embargo, el surrealista negó tal acusación en distintas entrevistas. Todo apunta a que el excéntrico artista llegó virgen hasta su matrimonio con Gala, quien para entonces tenía una amplia experiencia sexual. La atracción de Dalí hacia la personalidad de Gala fue insostenible y pronto terminó prendado de ella, amor que conservó durante toda su vida.

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Las excentricidades del catalán fueron ampliamente reconocidas a lo largo del siglo XX y bien documentadas por sus principales biógrafos e historiadores. Es un hecho que Dalí era voyerista, pues disfrutaba ver a otras parejas teniendo sexo en su presencia, incluso pidió en distintas ocasiones a Gala que tuviera sexo con otros hombres delante de él para complacer su deseo sexual. Aún joven, el pintor escribió en sus cuadernos de memorias los instantes en que participó como observador en distintas orgías, de las cuales se apoyaba para crear en la imaginación cuerpos andróginos que, poco a poco, se convirtieron en una obsesión para él.

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En 1980, Dalí se tuvo que retirar definitivamente de su gran pasión debido a una parálisis motora que le incapacitó para siquiera tomar un pincel y valerse por sí mismo. El carácter explosivo del “divino”, como se hacía llamar, fue in crescendo conforme pasaban los días y el malestar permanecía, mientras Gala se mantenía en la esfera artística, donde conocía a muchos artistas y amantes masculinos de quienes Dalí sentía celos. Una tarde, en un arranque de locura y desesperación, el de Figueres golpeó a Gala tan fuerte reclamando atención, que rompió dos de sus costillas, pero la musa continuó cuidando de él hasta sus últimos días, cuando requería de grandes dosis de ansiolíticos para mantenerse en calma.


¿Cuáles son los secretos que esconde el hombre detrás de un inmenso legado artístico? Descubre otros aspectos de la intimidad del pintor en los desconocidos diarios de Salvador Dalí para adentrarte en un mundo surrealista. El genio impactó al mundo más de una vez durante la presentación de sus obras que combinan elementos sexuales con viajes surrealistas e ilusiones oníricas.

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