En 2013 apareció en las redes sociales una imagen que en tan sólo cinco horas ya era tendencia mundial. Se trataba de un edificio en ruinas debido a los ataques en Siria que había sido intervenido recreando la famosa pintura de Gustav Klimnt “El Beso”. La belleza de la pintura de principios del siglo XX se contraponía con la devastadora sensación de ver un edificio en el que poco tiempo antes habían sucedido crímenes contra la humanidad e hizo que el mundo entero viera con otros ojos la guerra, pero también al arte. Después se supo que el trabajo del artista Tamman Azzam, culpable de la melancólicamente bella obra, fue hecho a partir de herramientas digitales y que ese muro en realidad no existe, pero el daño estaba hecho; yuxtaponer ambos elementos arte y guerra llamaron a miles, si no es que a millones de ojos, a que vieran la situación de todo un país que estaba sufriendo y del que apenas comenzábamos a ver las consecuencias. 


Un beso, una de las señales más puras de amor, es justamente la marca de la obra más famosa del pintor Gustav Klimt. El pintor austriaco jugó con el simbolismo, el puntillismo y aprovechó las entonces nacientes vanguardias para darle un estilo único a su obra, la cual es reconocible viendo solamente una pequeña parte de la totalidad de un cuadro. La naturaleza orgánica mezclada con el brillo característico de sus obras y una increíble carga erótica que te invita a perderte entre cada pincelada que se convierte en una excitante curva (en su mayoría femenina), hacen que su trabajo sea tan particular. A pesar de que tiene un estilo único y alguno podría considerar que sus obras simplemente tienen pequeñas variaciones una de la otra, eso no es cierto; por eso te dejamos otras diez obras que no son “El Beso” para que descubras a un hombre que logró inmortalizarse a través de su obra. 


“El Parque” (1909)

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Una de las muestras de la época de puntillismo del artista. A diferencia de cuadros como los de Seurat, Klimt no buscó darle perfección óptica a la obra, su libertad creativa parecía influenciada por el Romanticismo previo al Impresionismo que se gestó en su época. El cuadro es totalmente absorbente; podemos pensar en Pollock o Kusama, quienes hicieron algo parecido más de medio siglo después y Klimt continúa sorprendiendo por la elegante dimensionalidad que le dio a la pintura en su parte más baja. 

“Las tres edades de la mujer” (1905)

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Simbolista, palabra por la que Klimt fue conocido con el paso del tiempo y que dio paso a una interpretación bastante profunda de sus cuadros. Más allá de la forma y el fondo, las características de la obra de Klimt llegaban a niveles sociales, pero también universales, pues tomaba las grandes cuestiones humanas para crear un impacto real en nosotros. La pureza de la infancia, la sensualidad y consagración de la belleza en la juventud, y aunque podemos alegar a una sabiduría y plenitud, el cuerpo envejecido con la cabeza inclinada y tonos mucho más oscuros parecen hablar de la degeneración natural del cuerpo en la vejez. 

“Muerte y Vida” (1908)

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La inevitabilidad de la muerte se entiende de distintas formas; algunos la aceptan, entienden y hasta coquetean con ella mientras que otros rehuyen, niegan y la evitan a toda costa. Parece que esas son las reacciones de las personas en éste, uno de los cuadros más famosos del pintor de la secesión vienesa. Otra de las interpretaciones que se le ha dado es que la muerte siempre está acechando, pero que nunca podrá contra el inevitable círculo de la vida que siempre se encuentra en movimiento. La Muerte, llena de cruces cristianas y con una sonrisa macabra, se contrapone en soledad contra las bellas figuras contorneadas de las personas. Un verdadero tributo a la vida por parte de Klimt.


“La Virgen” (1913)

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¿Puedes encontrar sutileza y erotismo más sublime que en las pinturas de Klimt? No se puede negar que Schiele está muy cerca, pero su fuerza explícita lo llevan por un camino distinto y esta obra en la que podemos ver las distintas etapas del camino para convertirse en mujer, desembocan en lo que para muchos es el principio y el fin: el sexo. Una bella mujer cuyo rostro evoca felicidad y placer, se encuentra con las piernas abiertas cubierta por un manto lleno de los característicos símbolos del pintor y descansa entre otras mujeres que nos invitan a admirar el verdadero significado de belleza y arte. 


“Judith I” (1901)

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La cara orgásmica tras haber perpetrado un asesinato casi nunca se podría definir como algo bello o sensual, pero hablando de un mito bíblico y con el trazo de Klimt, no queda más que entregarnos a la peligrosa sexualidad que “Judith I” despide. El cuello largo, la delicada desnudez, la cara entregada al éxtasis tras haber matado al hombre que sometía a su pueblo y claro, la cabeza del enemigo; todo acompañado del oro y el negro característicos del pintor, que hacen de este cuadro un impresionante juego que contrapone el mito y la emoción. 


“Retrato de Adele Bloch Bauer I” (1907)

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Tal vez el rostro es mucho más sensual en la pintura de Judith, pero la modelo aquí recibe el crédito. Adele fue a quien Klimt llegó a retratar en distintas ocasiones y en este cuadro demuestra con gracia lo que era capaz de hacer en una obra. Influenciado en la pintura egipcia, Klimt agregó sus característicos elementos dorados sin dejar fuera el naturalismo que también era común en la época; al mismo tiempo, la ornamentación contrasta fuertemente con las manos y rostros de Adele Bloch Bauer. Esta obra representa el fin de la denominada “fase dorada” de Klimt.


“Danae” (1907)

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De nuevo Klimt usó la mitología para demostrar que el erotismo se encuentra en nosotros desde tiempos ancestrales. En esta ocasión lo hizo con el mito de Danae siendo seducida por Júpiter, quien tomó una forma de lluvia dorada para así acercarse a ella. La desnudez y el cuerpo le dan un erotismo sin igual, sin embargo es la sutileza de nuevo la que hace de la pintura una obra maestra del arte y la sexualidad. La cara de Danae, soñando pero sintiendo; esos labios entreabiertos que dibujan la extraña sensación de alguien que no sabe lo que sucede, pero que no desea que pare; los dedos rígidos aferrándose a lo que conocen y sobre todo la capa de seda que permite ver un poco más del cuerpo creando un juego voyeurista del que es difícil escapar. 


“Esperanza II” (1907)

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Una de las obras más hermosas de Klimt y una de las más poderosas también. Una hermosa mujer embarazada mira hacia abajo tal vez con la esperanza de que su bebé nazca sano, pero también podría rezar por el peligro de perder a alguien que aún no nace. Cerca del vientre se encuentran dos calaveras que sumergen como anunciando una mala premonición y en el fondo tres figuras femeninas cuyos colores vivos parecen rezar y anunciar que todo saldrá bien. Vida y muerte resumidas en un momento de tensión, pero también de belleza. 


“El friso de Beethoven” (1902)

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Creado para ser exhibido durante una exposición dedicada al famoso músico, Klimt quiso ilustrar el deseo humano por la felicidad en un mundo lleno de dolor y miedo. El fresco fue vendido a un coleccionista privado, por lo que se apartó de la vista pública y fue hasta los años setenta que el gobierno austriaco lo compró. Aún así, ellos tampoco dejaron que la gente lo viera durante años y fue hasta 1986 cuando la gente pudo apreciar una de las mejores obras de arte del siglo XX.


“El árbol de la vida” (1905)

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Sin lugar a dudas una de las mejores representaciones de un elemento que ha sido utilizado en la Filosofía, Teología y más desde hace siglos. Mientras unos consideran la obra como una fiel representación de un árbol que conecta la tierra y el cielo, para otros se trata de una mezcla entre lo masculino y lo femenino: lo primero a través de las figuras fálicas y lo segundo mediante el crecimiento orgánico y delicado que se puede apreciar en las curvas de la obra.

Klimt ha demostrado que el cuerpo, la naturaleza y el símbolo pueden unirse pictóricamente para dar paso a obras de arte que se se quedarán contigo toda la vida. El pintor demostró que el arte puede ser hermoso y al mismo tiempo inquietante. Retomando importantes mitos y haciendo uso del erotismo y la sutileza, el artista logró entregarnos algunas de las piezas más importantes que el arte pudo tener, además de ser parte de las vanguardias que cambiaron el mundo y por eso siempre será recordado. 

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Fuente: Huffington Post, Gustav Klimt, History Lists

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